La definición más bonita, acertada y determinante que he escuchado sobre este género de animación que tiene su origen en Japón.
Y leyendo esta definición se me viene a la cabeza la excepcional película "Ghost in the Shell", película japonesa dirigida por Mamoru Oshii en el año 1995, de la cual se han dicho cosas tan dispares como que es la mayor representación del ciberpunk en el cine o que es una película de dibujos animados para mayores. Todas estas afirmaciones son ciertas y válidas pero se quedan en la superficie porque "Ghosti in the Shell" es una película sobre la que se han derramado ríos de tinta y todavía no está todo dicho.
Hoy me quedo con su banda sonora y sobre todo con el tema principal "Making of a cyborg" de Kenji Kawai, porque si ves la película sin su música te das cuenta que está totalmente borrosa y quién le da el enfoque es su banda sonora, porque nos transmite el mensaje correcto y se comunica con el espectador de forma magistral.
Cuando la escuchas por primera vez te suena a algo insondable, ancestral, antiguo, primitivo, pero con una fuerza que te deja totalmente absorto ante lo que estás escuchando. Y esto ocurre en parte porque Kawai monta un puzzle maravilloso entre una letra en japonés antiguo sobre un rito matrimonial, armonizada con una música tradicional búlgara. Esto explica que lo que se siente cuando se escucha esta música no es por casualidad.
Todo esto unido con una animación a tempo con la música, como si la música uniera y encajará perfectamente al humano y a la máquina, porque realmente te está poniendo ante la dualidad de si la tecnología da humanidad o la quita, la gran pregunta al misterio de la eternidad, esa es la reflexión de esta película y de su banda sonora.
El sueño americano es un concepto del que se ha hablado en infinitas ocasiones, tratar lo que ha supuesto la base de la sociedad americana en películas es complejo, valiente y sin lugar a dudas revolucionario.
Esto lo han hecho muchos directores, pero este fin de semana me he topado de nuevo, además por casualidad, con dos películas, American Beauty, 1999, y Revolutionary Road, 2008, ambas de Sam Mendes, sorpresa emocionante, también, descubrir esto.
El planteamiento que hace el Director en estas dos películas, para tratar el mismo tema, es tan diferente y tan semejante a la vez que asusta. Y asusta porque, lo plantees como lo plantees, liberarse de la parte negativa del concepto es casi imposible.
Quizá en American Beauty lo haga de una forma más compleja en cuanto a que trata factores sociales anexos que se implican en la trama, sin dejar ningún cabo suelto, y en Revolutionary Road lo haga de una forma más concreta, ya que habla de felicidad y de bienestar, planteando esa dicotomía de forma tan aséptica y emocional a la vez que, como poco, te deja pensando, y si te dejas llevar, te arrastra a indagar, leer, reflexionar y poner las ideas en un papel para sacarle el mayor jugo.
American Beauty habla de ambición, de arribismo, de conformismo, de abnegación, de sueños rotos, de darle forma a esos sueños con seguridad y empuje, tomando como impulso actitudes obsoletas y sin sentido, dejando poco espacio a la esperanza.
Revolutionary Road habla de bienestar que no de felicidad, de postergar, del materialismo que nos adormece y nos aletarga, para formar parte de esa clase social "distinguida", del anclaje tan poderoso que supone formar parte de esa clase social de la cual salir es imposible sin considerarte un loco, dejando ningún espacio a la esperanza.
Esto que he escrito es una invitación para entrar a estas dos películas maravillosas, con los ojos bien abiertos, con las emociones a flor de piel, para captar todo lo que su Director quiere comunicar. Mendes no habla de fatalismo sino de determinismo en el más amplio sentido de la palabra.
Björn Borg dejó el tenis a los 26 años, cuando jugaba nadie sabía lo que pasaba por su cabeza, no era frío, porque su tenis tampoco lo era, pero si impenetrable.
John McEnroe fue un deportista diferente, en su forma y en su fondo, en su tenis y en su personalidad, explosivo, con el juego menos ortodoxo de todo el circuito.
Ya por aquella época se decía que el tenis de Borg era impecable y que el tenis de McEnroe era genuino, que el primero crearía escuela y que el otro no dejaría secuela. Y así fue, después de Borg vinieron, Wilander, Edberg, Nyström... tras McEnroe, nadie.
Quizá todo tenga su origen en los principios de los propios jugadores tanto de Borg como de McEnroe. Los dos fueron fruto de la exigencia, de dos exigencias diferentes, porque sus orígenes eran diferente, quizá porque sus culturas eran diferentes, incluso la manera de manifestarse era diferente, pero nadie hubiera dicho en aquella época que tenía la misma esencia.
El tenis afortunadamente cambió y se profesionalizó, de manera que evitó todo lo que estos dos jugadores sufrieron, cada uno, a su manera, y que les sirvió de punto de unión.
De una forma muy sutil y dejando correr el imaginario colectivo de quien vivió aquella época, Janus Metz Pedersen dirige la película "Borg vs McEnroe" que refleja todo lo que significó para los jugadores, para su entorno, para sus países, para el tenis y para el mundo, aquella final de Wimbledon de 1980, que verla en directo fue algo trepidante e inexplicable, de ahí el valor añadido del Director al hacer esta película.
Sobre la película decir que el Director tiene sus orígenes en el documental, lo que le da un plus al resultado, y poco más, porque los secretos de esta cinta son dos, uno ir virgen a su visionado y dos haber tenido algún tipo de vinculación con el deporte del tenis, y si se conoció en aquella época pues muchísimo mejor.
Solo una cosa más, me parece una genialidad la primera escena de la película, en la cual Borg está ante el precipicio en el balcón de su casa, representando, en una sola escena, el estado emocional y el sufrimiento, que es un protagonista más del film.
Años más tarde de la historia que cuenta la película Borg y McEnroe se hacen amigos. Borg fue padrino de boda de McEnroe y su amistad perduró en el tiempo.
Chapeau por William Wyler que fue capaz de llevar a la pantalla por segunda vez, con 30 años de diferencia, una película sobre relaciones lésbicas.
La calumnia de William Wyler, 1961, otra historia maravillosa contada de forma inmensa, aunque en su época tuviera a la crítica dividida, muestra sin decir, señala sin nombrar, con elipsis que aciertan con el presente de forma milimétrica.
En la película dos actrices, Shirley MacLaine como Marta y Audrey Hepburn como Karen, que trabajaron juntas en esta cinta únicamente y sin embargo funcionan extraordinariamente bien.
James Garner, como el Dr. Joe Cardin, quizás al principio se puede entender como un fallo de casting pero con ese final tan contundente encaja a la perfección.
"La calumnia", un título aplastante y una de las pocas veces, que el elegido en español es más acertado que el título original, "The children's hours".
Por último, curioso como en el desenlace, habiéndose descubierto la calumnia, habiéndose ofrecido un resarcimiento, el final es fatalista. Parece como que al descubrirse los sentimientos que estaban en el inconsciente de una de las protagonistas, surgiera la culpa y se ofreciera el fatal desenlace al espectador.
Finalmente ese camino triunfal de Karen, (Audry Hepburn), con ese travelling maravilloso, libre de obstáculos, entre los integrantes de aquella farsa, con cimientos tan profundos, ponen de manifiesto la soledad de los sentimientos más auténticos y es la verdadera compensación por todo el daño infringido.
En uno de los momentos de la vida en los que hay que mostrar la mayor fortaleza posible, da comienzo la película, y lo hace con un plano agónico de 23 minutos.
Los personajes están muy dañados, se advierte debilidad en cada uno de ellos y sus actitudes los definen para el resto de la cinta.
Shia LaBeouf interpreta el papel protagonista masculino, lo hace con maestría, definiendo muy bien su personaje, un hombre rudo y sensible a la vez, que proviene de un estamento social diferente al de su pareja, y lo refleja una actitud muy típica de inferioridad, aunque los orígenes, probablemente, fueran los mismos. Siempre intenta dar seguridad y fuerza a la unión.
Vanessa Kirby interpreta el papel protagonista femenino con una solidez conmovedora. Su sensibilidad dramática y sobre todo su contención son abrumadoras, sus silencios dicen más que sus palabras, aunque cuando finalmente habla lo hace con una ternura tan fuerte como su dramatismo.
Una mención para Ellen Burstyn, actriz veterana, que interpreta el papel de la madre de la protagonista, una madre fuerte y dura. Un papel corto pero muy presente en esencia.
Concluyendo, no desvelo nada si digo que la manzana y su olor está muy presente, dispuesta durante toda la película para ser descubierta. También, casi de forma subliminal, se va construyendo un puente, al igual que las relaciones maternofiliales, para finalizar con un estrechamiento de manos, simbolizando el encuentro necesario y sanador.
La película sin lugar a duda habla de la pérdida en mayúsculas. Mostrar sin decir, señalar sin nombrar, poesía.
"Muchas veces se pone el acento de
la Sinfonía, se remarca el climax final de la Oda a la Alegría,
como la parte más importante o la parte más emocionante de la
Sinfonía, evidentemente constituye uno de lo puntos realmente más
impresionantes y más majestuosos, pero si solamente nos fijamos en
ese momento nos perdemos todo el proceso que conduce precisamente a
ese climax emocional, y el propio Beethoven la trabajó de esa
manera, está planteada así.
El
1º movimiento de la Sinfonía comienza con unos neutros intervalos
de quinta, no sabemos que va a suceder, es como el comienzo de la
vida de cualquier persona. De pronto estalla el acorde de re menor,
que viene como para significar algo así como la aparición en al
vida de cualquier ser humano, el primer contacto con el dolor, con lo
trágico, con las zarpazos que, inevitablemente, da la vida.
Después
viene el tema femenino, que cantan los vientos, que es de una enorme
dulzura. Evidentemente en la vida de cualquier persona se dan la mano
estas dos realizadas insoslayables, el dolor, el fracaso, la soledad
incluso la muerte. Y también esos momentos transfigurados de
felicidad, de compartir, de vivir la vida y de descubrir el lado
amable que tiene todo.
Pienso
que el primer movimiento habla de esas dos cuestiones, en la vida de
cualquier persona y la experiencia del dolor y de el gozo.
El
2º movimiento de la Sinfonía es un “scherzo”, es un movimiento,
una música, con un marcadísimo carácter de danza, nos invita a
danza, a bailar, a disfrutar de las cosas buenas de la vida, eso que
los clásicos llamaban la “humanae varietates”, todo aquello que
nos hace la vida más llevadera, más alegre, mas entretenida. El 2º
movimiento habla de todo eso que nos encontramos los hombres y ante
lo que tenemos que tomar partido.
El
3º movimiento de la Sinfonía es el adagio, el movimiento lento, a
mi modo de ver aquí se produce lo más importante que tiene lugar en
esta Sinfonía, la transformación interior. Esta música dilatada,
larguísima, absolutamente espiritual, casi no se puede decir nada,
uno solamente puede dejarse penetrar, atravesar, por esta música
maravillosa, que nos pone en contacto con lo más genuinamente
personal de nosotros mismos. Una música planteada por Beethoven como
una especia de hilo, de arco, dramático, enorme, larguísimo, que
dura todo el movimiento, realmente es muy difícil de interpretar,
conseguir ese hilo que no debe tener fisuras, del principio al fin,
con esas variaciones maravillosas, sobre este tema que es el tema de
la transformación interior.
El
sujeto se pone delante de si mismo, se formula las grandes preguntas,
las preguntas que tienen que ver fundamentalmente con el amor, la
muerte, la trascendencia. En virtud de la respuesta que el sujeto dé
a esa interpelación, a esas preguntas, entonces el sujeto resulta
trasformado y entonces está en disposición de ir vaciándose de si
mismo para poco a poco ir fijándose en los demás, abriéndose con
generosidad a los demás y en concreto a todos los demás, a esas
personas que quizá lo pasan peor que uno mismo.
Solamente
cuando uno ha asimilado, ha hecho suyo, este tercer movimiento, esta
invitación que nos hace Beethoven, y hace que esa invitación
resuene dentro de él y lo transforme, está en disposición de, poco
a poco, ir conduciéndose hacia el 4º movimiento y llegar a cantar
esa explosión final, ese maravilloso canto a la libertad, a la
apertura al otro, al abrazo al otro, al canto a la alegría, a la
alegría hija del Eliseo, ese climax final que nos invita a unirnos
unos a otros en un abrazo que no conozca fin.
Es
un canto a la libertad, es una obra que invita, tal vez de manera más
directa y de forma más automática que ninguna obra musical, a que
todos los hombres nos unamos en un abrazo, en un beso, que llegue al
último rincón de la Tierra, de hay es de dónde viene el nombre del
Proyecto “ A Kiss for all the World”, es la traducción de uno de
los versos de la Oda a la Alegría de Schiller con la que acaba la 9ª
Sinfonía, “abrazaos multitudes, este beso al mundo entero”.
Claro
es impresionante como en el último movimiento irrumpe de una manera
virginal, por primera
vez la voz humana,
precisamente porque la música es insuficiente para transmitir ese
mensaje que él necesita comunicar a esas personas con las que no
puede comunicarse verbalmente, es la gran herramienta contra la
incomunicación.”
Esta es la transcripción del video (pongo en el enlace a continuación) realizado por Iñigo Pírfano (Bilbao, 22 de febrero de 1973) director de orquesta, escritor y conferenciante español. Hijo de Pedro Pírfano Zambrano nacido en la localidad Fuente del Maestre (Badajoz) el 19 de abril de 1929, fue Director del Orfeón Pamplonés entre 1960 / 1967.
Pedro Pírfano estudió solfeo, armonía, contrapunto y fuga en el Real Conservatorio de Música de Madrid. Curso los estudios de composición en el Conservatorio Superior del Liceo de Barcelona. además, realizó la carrera de canto en los Conservatorios de Barcelona (Liceo) y Madrid. Cursó los estudios de dirección de orquesta en la Academia Chigiana de Siena (Italia) y en el Mozarteum de Salzburgo (Austria), con los maestros Celibidache, Scherchen y Von Karajan.
Honrar a los hijos de la tierra debería ser una obligación, hay que tomar nota.
Orson Welles llega a la industria del cine muy joven, a los 26 años ya había ganado un Óscar y era considerado un artista de éxito muy versátil. Y digo llega porque era un advenedizo, no había echado los dientes en Hollywood y lo consideraban una persona de "fuera". Eso a primera vista era una desventaja, pero también tenía otra perspectiva, al no haber formado parte de la creación del engranaje de Hollywood veía desde la barrera todo lo que pasaba en la industria y lógicamente le daba una visión de análisis maravillosa. Esto le lleva a crear la película "Ciudadano Kane", que para entendernos es como el Quijote de las novelas de caballería.
"Ciudadano Kane" cuenta la vida de William Randolph Hearst (1863-1951). Hearst fue un periodista, editor, publicista, empresario, inversionista, político y magnate de la prensa y los medios estadounidenses, que emergió como uno de los más poderosos personajes de la escena política y empresarial de los EE. UU.
Hearst consolidó uno de los más grandes imperios empresariales de la historia, llegando a poseer un total de 28 periódicos de circulación nacional. Era ampliamente conocido por usar los medios como auténticos instrumentos políticos, además de ser el más afamado de los promotores de la prensa amarilla, se valió de generar escándalos y de la manipulación mediática, para lograr que sus intereses comerciales y políticos se viesen beneficiados.
Deseoso de consagrarse en el campo político, Hearst trató de alcanzar varios cargos públicos, valiéndose de todas las herramientas de las que disponía. No tuvo éxito y en lo sucesivo no interferiría directamente en la política, aunque sí mantendría injerencia en la misma.
El propio Hearst trató de evitar que la película de Welles fuese lanzada al público, lo que ocasionó que la cinta no lograse obtener un buen resultado en las taquillas. No obstante, la película conseguiría ganar un Óscar y a la larga sería considerada como una de las más extraordinarias obras del séptimo arte.
Aunque la compañía cinematográfica estadounidense RKO, tras su éxito radiofónico en 1939 con "La guerra de los mundos", le dio libertad de producción a Welles, no realizó más peliculas porque la caza de brujas del macartismo le obligó a trasladarse a Europa.
Por otro lado un dato y es que los guionistas en aquella época estaban muy considerados y bien pagados, conocían la industria desde dentro, tenía todo lo que querían, vivía muy bien y no estaban dispuestos a que nada cambiara. Orson Welles llega con ganas de hacer un cine diferente e incómodo, por tanto se auguraba momentos de inquietud e intranquilidad.
La producción de "Ciudadano Kane" en general y la figura de Herman J. Mankiewicz, guionista de la película, en particular, es lo que refleja David Fincher en su película de 2020 titulada "Mank". Con un guión escrito por su padre, Jack Fincher, cuenta la vida de Mankevich, los problemas y las desavenencias que tuvieron Orson Welles y él para sacar la película adelante. Hubo presiones a muchos niveles para que la película no saliera. Aún así, como he comentado antes, la película ve la luz aunque desmerecida en los reconocimientos y en la taquilla, pero el tiempo, como siempre, puso a la película en el lugar que le correspondía.
Para conocer el universo que la conforma hay que saber otro dato más. Jack Fincher, como dije antes el padre de David Fincher, escribió en una ocasión un guión para una película biográfica sobre Howard Hughes, (Hughes, productor cinematográfico, reconocido, de la industria, no advenedizo e íntimo de William Randolph Hearst). Dicho guión finalmente se fusionará con el proyecto en el que se convirtió en "El Aviador", Martín Scorsese, 2004, y que por supuesto no firma Jack Fincher sino John Logan.
En definitiva David Fincher centrando su película en la figura del guionista nos da una visión muy real de cómo se movía ese mundo en aquella época y hace una película increíble, que por cierto está en el catálogo de Netflix.
Siempre me han fascinado las películas de Woody Allen. Intuitivamente percibía que esas películas, escena a escena, entrañaban una sapiencia oculta al alcance de pocos.
La primera película que vi fue “Otra mujer” (“Another woman”, Woody Allen, 1988). Fui a verla con un amigo al que le fascinaba el Director neoyorquino. Aún la lentitud del ritmo de las películas más bergmanianas de Allen me causaban cierta distracción, que, en aquel momento, me permitió observar la concentración de los espectadores.
La película me dejó ese regustillo que aparece cuando algo genial ha pasado delante de ti pero no has sido capaz de apreciarlo en su totalidad, por no ser el momento, por ejemplo.
Evidentemente he seguido viendo películas de Woody Allen, he seguido leyendo sobre él y he llegado a intentar conocer todo lo que le rodea, con naturalidad y sin sobresalto, apreciando que lo que de él acontece, ocurre y se conoce, es fruto de un genio y a los genios no me gusta someterlos a críticas, ni a ponerlos en valor, solo quiero disfrutarlos.
Un día, tras un reencuentro agradable, llega a mis manos un poema, por algunos considerado el poema perfecto: “La pantera” de Rainer Maria Rilke (Praga, 1875-1926). Lo leí, lo releí y sin saber por qué sentí ese mismo regustillo y supe que estaba ante una genialidad más.
«La pantera»
(En Le Jardín des Plaintes. Paris)
Su mirada, cansada de ver pasar las rejas, ya no retiene nada más. Cree que el mundo está hecho de miles de rejas y, más allá, la nada.
Con su caminar blando, pasos flexibles y fuertes, gira en redondo en un círculo estrecho; al igual que una danza de fuerzas en torno a un centro en el que, alerta, reside una voluntad imponente.
Algunas veces, se alza el telón de sus párpados, mudo. Una imagen viaja hacia dentro, recorre la calma en tensión de sus miembros y, cuando cae en su corazón, se funde y desvanece."
Rainer María Rilke.
Como internet es infinito, navegando por la red, donde un vídeo de YouTube te lleva a un artículo, donde hay un enlace que te enseña un término nuevo o una nueva relación entre cosas muy dispares, por arte de magia el poema se vincula a la película, y lo que no percibí en su momento hace que me sorprenda y me lleva de nuevo a otro visionado, y le voilà!!!, "La pantera" de Rilke es el punto de inflexión por el cual el Director invoca la imagen del instinto acorralado, herido en su jaula, en su asfixiante y reducido espacio donde agoniza el deseo, por tanto no es de extrañar que fuera el poema preferido de la madre de la protagonista, personaje que solo aparece en una imagen no muy nítida a lo lejos, una madre probablemente refugiada en su mundo presa de una relación insatisfactoria.
Por tanto, Marion es la Pantera que empieza a sentir la vida de la que se ha rodeado, una vida donde todo está en su lugar y todo en su sitio, donde nada se agita ni se mueve y la mirada ya no es suficiente.
Así, inmersa en esta senda de lecturas me llega un término sobre el cuál Freud teorizó, Thanatos (el instinto de la muerte, la agresión), que visto en contraposición con Eros (el instinto de la vida, el amor y la sexualidad en su más amplio sentido), nos da a conocer el ineludible significado de la condición humana. Lo que me lleva a la protagonista, reprimida por los barrotes de la jaula que sin duda son los esquemas heredados, las expectativas cumplidas a costa de la propia identidad adormecida, hacen de Marion una pantera enjaulada, donde la fuerza, el instinto, el deseo, reprimidos bajo las rejas de una máscara inmóvil hecha de lo correcto, lo juicioso, lo racional, lo analítico y el control que oculta finalmente la vida que agoniza y muere bajo esa máscara de inmovilidad.
La esperanza para el desenlace llega muy al principio de la película. La mujer embarazada, Hope (Esperanza), a la cual conoce a través de su voz por las rejillas (barrotes) del aire acondicionado y que acompañará a Marion, de forma indolente, durante toda la cinta, es símbolo del renacimiento y de la posibilidad de cambio.
Así que, leído lo leído y visto lo visto, sin lugar a dudas, hoy por hoy la película me abre una nueva dimensión, uniendo cine, literatura, psicología y filosofía, emergiendo una relación oculta que merece la pena descubrir. Así me gusta el cine y así lo vivo.
Hoy nos referimos al duelo musical que tuvo lugar en Viena la noche de Navidad de 1781.
El emperador José II del Sacro Imperio Romano Germánico invitó durante tres semanas al Gran Duque Pablo de Rusia y a su esposa a pasar unos días en Viena. Para entretenerles organizó un duelo musical, algo muy típico de la época, ya que los dos eran muy melómanos.
El emperador decidió enfrentar a dos personas, por un lado a Wolfgang Amadeus Mozart, que hacía poco había llegado a Viena, desde Salzburgo. Mozart era ya bastante famoso y fue considerado como el pianista local. Por otro lado estaba Muzio Clementi, era un músico muy famoso en la época, un gran virtuoso del piano, daba conciertos por toda Europa, mucho más famoso que Mozart.
El emperador hizo llamar a los dos, por separado, diciéndoles que vinieran a tocar la noche de Navidad en Palacio para él y para el Gran Duque de Rusia y su esposa, sin decirles que se trataba de un duelo, así cuando llegaron se dieron cuenta de cuál era la situación.
En estos duelos se apostaba, y en este caso el emperador José II apostó por Mozart y los Duques de Rusia apostaron por Clementi, que era mucho más famoso y conocido.
Dio comienzo el duelo, empezó el visitante, que era Clementi y tocó esto: Sonata op. 24 n2
Era una de las sonatas más famosas de Clementi (Sonata Op. 24 n2). Cuando finalizó todo el mundo en pie, aplaudiendo, todos los que habían apostado por Clementi pensaron que iban a ganar la apuesta porque aquello era insuperable. A continuación siguió tocando otra pieza, una de sus tocatas más famosas, (Tocata Op. 11) haciendo notar la rapidez con la que tocaba Clementi y resaltando los intervalos de tercera que hacían más compleja la pieza elegida: Tocata op. 11
Finaliza la intervención de Clementi, todo el mundo piensa que aquello era insuperable, hay que decir también que el piano estaba de moda, hacía poco tiempo que se había inventado.
A continuación sale Mozart, todo el mundo pensando a ver qué va a tocar, dado lo alto que su oponente había dejado el listón, y Mozart toca esto: “Ah!, vous dirai-je, mamam!”
Era una canción francesa, que tiene traducción en muchos idiomas, incluido el castellano, es un villancico titulado "Campanitas del lugar".
Mozart aprendió esta canción de pequeño cuando viajaba por Francia y la eligió por dos motivos. Esta canción habla de la difícil relación de un niño con su padre, asemejándose a la relación que Mozart tenía con el suyo. El otro motivo era decir que él no iba a competir con Clementi ni en rapidez, ni en virtuosismo, ni en todas estas cosas, quiso decir que a partir de una canción tan simple, que había tocado con un solo dedo, los asistentes iban a ver de lo que Mozart era capaz, y sin partitura, sin nada, solo con su imaginación y el inmenso espíritu universal de Mozart, lo que hizo fue empezar a realizar variaciones sobre está melodía tan simple, improvisando, escuchando debajo la canción siempre y así una tras otra hizo hasta 12 variaciones, como un juego, porque Mozart nunca dejó de ser un niño. Todo esto se recogió después se apuntó y tenemos todas estas variaciones hoy en día.
El resultado del duelo fue claro. De Clementi se dijo que fue capaz de mostrar su virtuosismo, que tocaba más rápido, con mayor precisión, más brillante, pero al final Clementi solo había sido capaz de tocar notas, mientras que Mozart había tocado emociones, habiendo sido capaz de llegar a todas las personas que estaban allí sin competir con Clementi, jugando en otra liga fue capaz de ganarle.
Después del duelo Mozart escribió una carta a Clementi diciéndole que tocaba bien, pero eso era todo, que con su mano derecha era muy bueno sobre todo en sus pasajes a terceras, pero más allá de eso (y aquí fue muy cruel) no tenía nada, absolutamente nada, no tenía ni gusto, ni sentimiento, resumiendo es un simple mecánico. Este último comentario iba con doble sentido porque Clementi era también fabricante de pianos.
Díez años después se estrenó "La flauta mágica", y cuando Mozart escribe esta ópera no se había olvidado de Clementi, también tenemos que entender que Mozart era una especie de computadora musical, cualquier cosa que suena, él la registra en su cabeza, como si fuera un disco duro, para siempre, y si hubiera tenido ordenador en su época no tendríamos 625 obras de Mozart, tendríamos mil millones de millones.
La cuestión es que si escuchamos la obertura de "La flauta mágica" nos damos cuenta que es el mismo tema de la sonata que había tocado Clementi en el duelo 10 años atrás. Mozart con esto quiere decir que hace 10 años tuvo un duelo con Clementi, que Clementi tocó una sonata magnífica y fue ovacionado por ello, que la sonata de Clementi dura un par de minutos y yo, Mozart, voy a ser capaz de desarrollar este tema hasta el infinito y hacer una obertura maravillosa. Tanto es así que esa célula de tema musical que a Clementi le dura apenas unos segundos, para Mozart es un universo y se convierte en toda la obertura de "La flauta mágica", infinita, porque Mozart era capaz, por un lado, de hacer todo tipo de variaciones sobre el tema, pero además solo con escuchar una música era capaz de tocarla sin fallar una sola nota.
Clementi asiste a la ópera, escucha la obertura y lógicamente sabe que aquello era su sonata ampliada. Clementi se sintió tan indignado que reedito su sonata para que todo el mundo supiera que ese tema era suyo e hizo poner en la primera página de la nueva edición la siguiente inscripción:
"Está sonata, con la tocata que sigue, fue interpretada por el autor (es decir por él mismo) ante su majestad imperial José II el año 1781, Mozart estaba presente".
Cuando
uno de los mejores amigo de Albert Einstein murió, Michele Besso,
ingeniero y matemático italo-suizo, Einstein en su carta de
condolencia a la familia Besso, escribió:
"Ahora
se ha apartado de este extraño mundo un poco por delante de mí.
Esto
no significa nada. La gente como nosotros, quiénes creen en la
física, saben que la distinción entre el pasado, el presente y el
futuro es sólo una ilusión obstinadamente persistente."
Tres
días después de la muerte de su amigo, Einstein murió, como si
quisiera ratificar una de sus últimas frases y constatar que el
concepto del tiempo es una ilusión.
Denis
Villeneuve sesenta años después nos presenta esta película en la
que nos cuenta, desarrolla y adapta esta idea en “LA LLEGADA”
(Arrival), 2016, en la que aterrizan unos extraterrestres (en 12
naves, ahí lo dejo) en la Tierra con los que nadie se puede
comunicar, dado que su lenguaje no es lineal, porque perciben el
presente, pasado y futuro al mismo tiempo y sin principio ni final.
La
protagonista es la actriz Amy Adams que interpreta, magistralmente,
el personaje de Louise Banks, una Doctora en Lingüistica que después
de estudiar a fondo el lenguaje de los extraterrestres empieza a
sentir y a percibir el tiempo como lo perciben ellos. Tengo que decir
que Amy Adams es una magnifica actriz, aunque en esta película no se
le puede quitar el merito a la dirección de casting.
La
cinta está basada en un relato corto de Ted Chiang que se titula “La
historia de tu vida” por la que ha conseguido varios premios.
Chiang un escritor estadounidense de origen chino, informático de
formación y profesión y escritor por afición, hobby que le ha
llevado a ser considerado un genio de la ciencia ficción.
La
película de Villeneuve trata el tema de la comunicación desde el
punto de vista lingüístico y basándose en la teoría de la
comunicación conocida como relatividad lingüística, hipótesis de
Sapir-Whorf, que se contrapone a la gramática universal de Noam
Chomsky.
Edward
Sapir y Benjamin Lee Whorf fueron profesor y alumno, respectivamente,
y la hipótesis en la que trabajaron durante muchos años viene a
contarnos básicamente que pensamos con palabras y por eso no piensa
igual un chino, una persona de habla inglesa o un francófono. El
lenguaje hace a la persona, no existe una estructura mental innata
como defiende Chomsky. Aunque hay muchas voces al respecto, aquí
existe una clara unión entre las humanidades y las ciencias ya que
Einstein, como físico, defendía esa misma relatividad.
Villeneuve
da una estructura a la película casi hipnótica, nos la cuenta con
tanto talento que atrapa, a propios y a extraños, sobre todo cuando
hemos sido espectadores de otro intentos que, sin quitarles el merito
que tienen, es muy difícil no acordarte de ellos.
No
me gusta hablar de justicia ni de evidencias, porque cuando otros
llenen los cines o recojan premios Villeneuve va a seguir por el
camino que se ha trazado creando su propia comunicación
cinematográfica y alegrándonos la vida con sus películas. Cuando
lean o escuchen Denis Villeneuve pasen, relájense, vean y a
disfrutar.
Una
película pequeña por su presupuesto y grande por todo lo demás.
George
Clooney escribió, dirigió, produjo e interpretó esta película,
basada en la obra de teatro "Farragut North" del dramaturgo
Beau Willimon (2008), no te deja indiferente porque tiene una
estructura perfecta, casi teatral y más capas de las que aparenta.
La
música que le da inicio es el tema "The Champaign" (La
Campaña) de Alexander Desplat, un ritmo de marcha militar que
empieza a ponernos en situación. En los diez primeros minutos se
hace un esquema de la película, se presentan los personajes,
perfectamente delimitados, se comunica sus intenciones, el espectador
puede conocer perfectamente la base en la que se va a asentar la
película, todo está listo para empezar y no se ha explicado nada,
solo se ha mostrado, característica que se verá durante toda la
película y que le da un valor añadido.
Desde
este preciso instante empieza la trama, se presentan los personajes
que darán vida a esa trama (Thomson), así como se resalta lo
necesario para llevarla a cabo (móviles). A partir de aquí el
espectáculo está servido, se empieza a dar a conocer las
estrategias políticas más sucias con la ética más “digna”
posible, como hacer desaparecer lo que no beneficia aún siendo
positivo o resaltar lo supuestamente cierto con el único objetivo de
dañar, comprometer, enturbiar y acorralar. Bienvenidos al mundo de
lo real en política.
Todo
esto se compensa con las relaciones humanas, las que sirven de
válvula de escape a tanto ego contenido ante un proceso que, aun
siendo apasionante, no deja de ser un camino con un final incierto,
en el que se desequilibre la balanza hacia el lado más “fuerte”.
Las
estrategias políticas al más alto nivel están perfectamente
mostrada, que no contadas, nuevamente, con gestos, silencios,
movimientos de cámara y miradas, sencillo y difícil a la vez, pero
lo consigue, Clooney sabe lo que hace y lo hace con maestría.
Antes
de llegar al punto de inflexión de la película, el careno que le
dará pie, entre los personajes y que nos augura lo que está por
llegar en la escena final, porque no olvidemos que este drama
político nos habla, entre otras cosas, de un juego de poder y de
relaciones.
Y
ahora el maravilloso punto de inflexión que sucede de forma
totalmente inesperada, en un momento de debilidad, provocado por un
egocentrismo bárbaro, que aparece cuando no podemos satisfacer
nuestros instintos por nosotros mismos y hace que nos volvamos seres
impacientes y pretendamos ser los poseedores de la verdad universal.
El curso de la película cambia y nada volverá a ser como antes.
Además está hecho de forma sutil, apelando a las cualidades
personales más básicas, primarias y peligrosas, sobre todo si no
son detectadas, comprendidas y salvadas: la vanidad y la ambición,
de poder, claro. Porque esta película habla de lealtad y de
traición, por si alguien no lo ha captado ya por el propio título.
Ahora
en la película todo fluirá, con frases contundentes, insertadas en
un guión maravilloso, como por ejemplo:
“La
capacidad de ganarse el respeto haciendo que confundan el miedo que
sienten con amor.”
“La
venganza hace a la gente impredecible.”
La
intimidad que se genera en algunas conversaciones es estremecedora,
en el avión, tras la bandera, en el gimnasio, la conversación en el
coche entre el candidato y su esposa, hipnótica.
No
me importa repetirme porque Clooney aborda esta película, en todas
sus facetas, con auténtica maestría. El que sea demócrata
declarado y le apasione la política hace de su labor actoral un
verdadero deleite. El resto del reparto, brillante, Philip Seymour
Hoffman, Marisa Tomei o Ryan Gosling, chapó.
La
película es visualmente bellísima, representando sentimientos o
circunstancias de forma fotográfica, como por ejemplo la tristeza
con lágrimas perdiéndose en la lluvia o la soledad con fotogramas
similares a un cuadro de Edward Hopper.
El
final de la película quiere recordar a Shakespeare, no se si sería
la intención de Clooney, pero la escena final es la guinda del
pastel, y que guinda, un duelo dialéctico que se desequilibra por
una duda razonable en el que los dos “mueren” y los dos “ganan”.
Finalmente
una reflexión:
“Lealtad
no tolera la traición, pero siempre será generosa con sus errores.”
Paulo
Cohelo.
Aunque
nadie es dueño de la lealtad, solo la aplicamos.
Nunca
pensé hacer una entrada en el blog como ésta, pero como la vida es
un devenir constante, aquí estoy con esta propuesta, gracias a quién
me la puso en mi camino. Han sido diez días pensando en la
significación de la música en mi vida, ha sido incluso terapéutico
y este es el resultado.
Día
1 : La primera sonaba cada noche antes de irme a dormir. Importante
fue muchísimo porque ya, en esa fecha, era una noctámbula, no me
quería ir a dormir ni a tiras.
Día
2. Las canciones de mi vida han sido muchas y la infancia la tengo
presente siempre. Los Chiripitifláuticos y el Circo de la Tele no
podían faltar en este decálogo.Gran parte de los años 70
estuvieron marcados por sus canciones, sobre todo las de Gaby, Fofó
y Miliki.
Día
3. La música, algo tan antiguo como la vida, nos llega de nuestro
ancestros, de nuestros padres y este aspecto también se ve reflejado
en mi decálogo. José Monge Cruz, El Camarón
de la Isla, entró en mi vida por la puerta por donde entran las
cosas que se quedan para siempre, la insistencia. Este disco,
concretamente, "Cada vez que nos miramos", (1970), con la
guitarra de Paco de Lucía, lo he escuchado hasta la saciedad. Mi
padre lo ponía una y otra vez, tanto era así que se hizo famosa
nuestra frase, cada vez que sonaba, de "Camarón no, Camarón
no".
Posteriormente
tuve la suerte de asistir a algunos conciertos suyos y de escuchar
algunas conferencias sobre él. Todavía no he agradecido bastante
las cuatro claves que me dío Jose Mª Perez Orozco, que en paz
descanse, sobre el genio de San Fernando. Gracias por existir.
Día
4. Conocería la caratula de este disco, de vinilo, ojo, entre un
millón. Matt Monro llegó con este "Alguien cantó" en el
momento en el que el amor no se entiende de otra manera que no sea
idealizado. Ese ideal flotando al ritmo de esa música maravillosa
que, entre otras cosas, aprendí viendo a mis padres bailar."Alguien
cantó" de Matt Monroe sonó en el inicio de mi adolescencia,
mucho, y hoy día me reporta un recuerdo muy agradable.
Día
5. Nunca pensé que un guitarrista mexicano, que funda una banda, que
por primera vez en la el mundo de la música fusiona la música
latina y el rock, iba a ocasionarme ese impacto tan grande. Cuando
escuche "Europa" de Carlos Santana por primera vez,
intuitivamente, supe que era algo grande y diferente.
Fue
un éxito en todas las listas en 1976 y los Reyes Magos me regalaron
el single que tenía esta caratula. Lo escuché mucho, no me cansaba
de escucharla y despertó mi curiosidad, aunque la no existencia de
internet lo complicaba todo.
Con
el tiempo pude saber que la belleza de esta canción instrumental
tenía unas causas muy concretas. Su compleja armonía, por la
utilización ingeniosa de sus acordes y el estar en modo menor,
escala en la que se construyen en música la melancolía y la
tristeza, provocaban el efecto deseado.
La
historia de la canción es larga, antigua y emocionante.
Día
6. Si Serrat y su "Mediterráneo" no están en este
decálogo no es mi decálogo. Fue mi madre quien me enseñó a amar a
Serrat. En mi adolescencia revolucionaria y activa políticamente
Serrat ponía ese toque de romanticismo y pasión que toda ideología
necesita.
Podía
poner cualquier canción de Serrat pero si la revista Rolling Stone
eligió "Mediterráneo" como la mejor canción de la lengua
española del siglo XX, yo no voy a ser menos.
Día
7. Hoy dos palabras nada más, copla y Rocío.
Día
8. La canción de hoy es "On Summer's Day" de Joe Hisaishi.
Es
el tema principal de la película "El viaje de Chihiro" de
Hayao Miyazaki.
Los
primeros acordes de la canción dan comienzo a la película y cuando
la vi por primera vez fue, como dijo Humphrey Bogart en "Casablanca",
el comienzo de una hermosa amistad.
Joe
Hisaishi es un músico japonés que ha compuesto todas las bandas
sonoras de las películas de Hayao Miyazaki e Isao Takahata,
fundadores del estudio Ghibli. También ha compuesto muchas bandas
sonoras de las películas del Director Takeshi Kitano y de algunos
directores más, como la banda sonora de la película "Despedidas"
de Yojiro Takita, impresionante.
En
fin, conozco toda la discografía de Hisaishi y hoy ocupa un lugar en
mi decálogo porque es un músico excepcional y os invito a que lo
conozcáis.
Día
9. Dificilísimo elegir una sola pieza de música clásica que me
represente. Para facilitarme la labor he elegido un compositor y un
intérprete y rápidamente se me ha venido a la mente una pieza que
escucho casi en bucle desde siempre.
Las
Variaciones Goldberg de Johan Sebastian Bach, interpretada por Glenn Gould, concretamente el Aria y
la grabación de 1982.
Día
10. Quiero terminar este decálogo con talento, no con el mío, ni
con el que manifiestamente han demostrado todos los genios que me han
traído hasta aquí, sino con el talento de la savia nueva, de la
gente joven, de los que aún tienen mucho que demostrar, pero no es
su intención hacerlo, porque están en el lugar que tienen que
estar, porque han hecho cosas grandes, y me niego a esperar que pase
el tiempo, o que evolucionen, o incluso que mueran para valorarlos o
disfrutar de ellos.
Hay
muchos y podría poner cualquiera: Bruno Mars, Ed Sheeran, Charlie
Puth, Billie Eilish, Finneas O'Connell, Rudy Mancuso, Stjepan Hauser,
Yuja Wang, Justin Timberlake, virtuosos, oídos absolutos,
trabajadores tenaces, probablemente, pero hoy elijo a Rosalía,
porque una vez le preguntaron que si ella creía que estaba
inventando un género musical, a lo que Rosalía contestó que cada
vez sentía más que todo estaba inventado, que todo depende del
contexto, que cuanto más se juega con el contexto más diferente
parece todo, llegado al concepto en si mismo. Aplastante
y sin ambages.
Hoy hablaremos de la Sinfonía nº 45, de su compositor Joseph Hayden, de Nikolaus I, Principe Esterházy y de La casa de los Esterházy y cómo todo ello tiene que ver con la comunicación y la música.
Hayden (Franz Joseph Hayden, 1732-1809) desde muy temprana edad manifestó talento para la música, a los seis años se traslada con un pariente y comienza su educación musical. Sus inicios fueron el canto coral, aunque pronto empezó a tocar el clavecín y el violín. Hayden fue el padre de las sinfonías, mentor de Mozart y maestro de Bethoveen.
Fue uno de los últimos músicos artesanos, aunque fuera a finales del siglo XV cuando se hace por primera vez la distinción entre artesano y artista, en la música esa distinción es más tardía. Todavía Hayden, incluso Mozart, tenían mecenas o empleadores o más bien patronos, ya que trabajaban para ellos, aunque en el caso de Hayden hubo un único empleador, Nikolaus I, Principe Esterházy.
Nikolaus I, Principe Esterházy (1714-1790) fue un príncipe húngaro, miembro de la famosa familia que lleva su nombre. Destacaba por la construcciones de palacios, por llevar ropa de gusto extravagante para la época, por su amor por la opera y las grandes producciones musicales, era conocido por "el Magnífico" y sobre todo por ser el empleador de nuestro músico de hoy.
Hayden llega a trabajar para la familia Esterházy al tener una relación sentimental con una cantante contratada por la famosa familia húngara. Los Esterházy apoyan a Hayden dándole todo lo que necesitaba incluso una pequeña orquesta. Residían en Viena en invierno y se trasladaban a sus palacios en verano, sobre todo a Eszterháza donde Hayden residía la mayor parte del año.
Durante una de las estancias más largas en Eszterháza, Hayden compuso la Sinfonía nº 45, en fa sostenido menor, conocida por la Sinfonía de los Adioses. Los músicos fueron obligados a dejar a sus mujeres en sus casas y quejosos de esa situación fueron a buscar apoyo en Hayden, por lo que el compositor en el último movimiento de la sinfonía instó sutilmente a Esterházy a que les dejara volver a casa, de la siguiente manera: durante el adagio final cada músico, uno a uno, deja de tocar, apaga la vela de su atril y se va en orden, dejando al final al propio Hayden con el concertino. El Principe Esterházy entendío perfectamente el mensaje y los músicos regresaron al día siguiente a sus casas.
Muchas orquestas han interpretado desde entonces esta sinfonía, siempre se ha finalizado de esta manera en la que Hayden intentó y transmitió este mensaje a su patrón. A partir de hoy cuando la volvamos a ver en directo o en diferido sabremos cual es la motivación de su desarrollo final. La música tiene más poder del que nos imaginamos