lunes, 15 de abril de 2019

Un proceso de cambio que no podemos ver.

¿Nos están haciendo creer lo que ellos quieren o simplemente estamos tan anclados en nuestro pasado histórico que nos imposibilita ver más allá?

Estamos inmersos en un proceso de cambio y es preciso comprender las claves de ese proceso para poder sacar nuestras propias conclusiones, libres de apariencias y paradigmas.

Actualmente todo está politizado, la justicia, la religión, el empleo, la información. La política mediatiza todo lo que toca y lo pasa por el filtro de la actitud interesada, esto es conocido por todos. Pero hay una clave que se nos escapa, la política ya no persigue la noble y legítima meta del poder, la política persigue el capital, el dinero, el llenarse los bolsillos, el más vale quien más tiene. Y podemos pensar, está claro, es evidente, nada más hay que echar un vistazo al panorama actual; pero creo que hay que ir más allá, hay que darse cuenta que cualquiera, con pretensiones de alcanzar esa noble labor, le persigue la codicia, es decir, el fin ha cambiado,la consecución del poder ha perdido su sentido, ahora prima el dinero y nada más.

La justicia, politizada también, cercada y obligada también a capitular bajo intereses particulares de quienes gobiernan, se muestra implacable y partidista, pero es pura fachada, todo está negociado previamente,  en reuniones seudoseccretas, en las que se avisa para no ser traidor aunque más tarde haya chivos expiatorios que sean la diana de todas las opiniones, críticas e insultos.

Y aquí es donde los mass-media entran a jugar un papel vital aunque lo hagan de forma superficial. Tienen conocimiento de todo, pero informan de lo políticamente correcto sin extralimitarse ni un ápice, dentro de la más absoluta moderación, obviando hechos objetivos, lanzando opiniones sesgadas bajo el abrigo de títulos, logros y credibilidad, conocedores de que lo que no se escribe no se sabe y no es historia.

Los empleados de a pie, acomodados en esa clase media en la que estamos la mayoría, amordazados por el bienestar y la igualdad que nos ha dado el capitalismo, nos hemos quedado sin capacidad de maniobra, porque no se está dispuesto a renunciar a nada, así nos creemos lo que nos quieran contar sin cuestionarnos casi nada.

La iglesia mientras tanto no ceja en su empeño y determinación, sigue impenitente en su actitud de aguardar, sin tregua, para escurrirse entre los entresijos de este enjambre capitalista y salir “airosa”una vez más.

Espero seguir avanzando en mis cavilaciones.

Cuando terminé mi intervención hubo muchas preguntas comentarios y murmullos, pero me quedé con ésta porque me ayudó a completar mi reflexión:

"A ver si me aclaras una duda, Begoña, ya que te veo en plena forma: todos los días oigo en la radio que la soberanía reside en el pueblo. Yo no lo veo por ninguna parte. ¿Nos la han usurpado o es que vivimos en una realidad virtual desde la muerte de Franco? "

 Modestamente pienso que es una apariencia más que nos quieren hacer creer. Ni la soberanía está en el pueblo, ni creo que nos sintamos así sinceramente.

En la práctica, para entrar en material y sin ánimo de polemizar, personalmente, me sentiría “soberana” si la ley electoral cambiara y mi voto valiera en su justa medida, por ejemplo. Esto no va a ser posible hasta que este bipartidismo, ya absurdo, obsoleto y decadente, desaparezca, pero lo veo difícil que así sea. Los grandes cambios de la historia se han producido por epidemia, guerras y desastres, ahora ciertamente no se que haría falta.

En el franquismo no teníamos nada, ni dignidad siquiera, es como yo lo veo. Desde entonces hasta ahora hemos avanzado mucho, hemos recobrado esa dignidad perdida, hemos ido paso a paso alcanzando metas impensables. Sinceramente no creo que esto sea una falsa realidad, es la que es, la que los seres humanos hemos construido con nuestras genialidades y defectos. Fíjate que ironía, quién le iba a decir a Karl Marx que iba a existir esta explosión de la clase media y del bienestar, tan proclamado y ansiado por él, y que lo íbamos a conseguir a través del capitalismo!

Ilustración de Margarita Georgiadis, "Ojos vendados". 

jueves, 11 de abril de 2019

Vivir. Integrar, objetivar, acertar.

La realidad no existe, es el resultado de lo que ven los ojos, y lo que se ve depende de la posición emocional de la persona. Este proceso es aplicable a todos los seres humanos,  situaciones y estados emocionales, por ello hay que conseguir el mayor grado de conciencia posible para integrar, conseguir objetividad y acertar.

Imaginemos por un momento que nos ponemos delante de nuestros ojos, muy cerca, un objeto , cualquiera, una jarra de agua por ejemplo. El objeto está tan cerca que nos es imposible apreciar qué forma tiene, cómo es su parte superior, sí tiene asa, si no la tiene, incluso nos es difícil saber si es una jarra. 

La posición que mantenemos en relación al objeto , la jarra, nos imposibilita saber de qué objeto estamos hablando. Al no poder verlo en su totalidad nos impide relacionarnos con ese objeto de forma correcta, nos impide realizar un análisis de lo que vemos porque es una visión incompleta, en resumidas cuentas estamos teniendo una apreciación sesgada del objeto en cuestión, estamos tan cerca que tenemos una visión distorsionada y desenfocada de la jarra. 

La solución es fácil, alejémonos del objeto que queremos observar, veamos cómo es en su totalidad, tomemos distancia para poder intentar hacer una valoración de la jarra lo más completa posible. 

Al alejarnos tenemos una visión más objetiva, podemos relacionarnos con el objeto de forma más natural, lo puedes coger, lo puedes observar desde distintas perspectivas, incluso si me apuras lo puedes hasta utilizar para ver cuánto da de sí o qué otras funciones tiene, y así empezar a relacionarnos con el objeto de forma natural y con sentido.

Haciendo esto de forma natural, con sentido, en una palabra, integrándolo, nos vamos dando cuenta que esta distancia que hemos tomado nos ha dado objetividad y esa objetividad nos hace tener una actitud más asertiva en relación al objeto, que es la jarra, es decir lo que hablemos, comentemos o analicemos en relación al objeto van a ser comentarios mucho más acertados y vamos a poder obtener la mayor utilidad posible.

Y si todo este imaginario nos lo llevamos al plano de las emociones, de las relaciones, donde están implicados sentimientos tan fuerte como los generados entre una madre y una hija por ejemplo. Ahora ya no es un objeto sino personas, ahora ya no son formas sino emociones, ahora no podemos permitirnos el lujo de estar desenfocados sino afinados y certeros, midiendo la distancia para conseguir la objetividad adecuada y precisa sin dejar un ápice de certeza al azar.

Cuando todo esto se íntegra, se pone en práctica, nos vamos sorprendiendo de lo que somos capaces de hacer, la magia surge y todo empieza a fluir y curiosamente te vas motivando y animando y dándote cuenta de que ser madre es algo más qué reproducir patrones , que cumplir expectativas o llevar a cabo las no cumplidas.

Es un camino largo y duro y complicado, quién dijo que vivir era fácil, fácil es no nacer como tantas personas se han quedado en el camino sin llegar a este mundo, fácil es alienarse y andar como borregos en una sociedad que nos dirige y nos controla, fácil es obedecer a normas sin sentido con la etiqueta de ideologías y religiones que nos impide desarrollar nuestra agresividad tan necesaria como nuestro pacifismo.

Vivir es un derecho y hacerlo de forma plena debería de ser una obligación. 

viernes, 4 de enero de 2019

"Roma" de Alfonso Cuarón (2018).

"Roma" de Cuarón (2018), película que optará al Óscar y que pase lo que pase te robará el corazón.

Alfonso Cuarón dice que es su proyecto más intimista, más personal, más autobiográfico, diría yo.

Nos presenta el México de principios de los 70, con una familia de clase media alta, de la colonia Roma, un barrio emblemático de la ciudad.

Las revueltas estudiantiles, que se sucedieron en aquellos años, marcan la base de la película, que tiene su ritmo acompasado con la vida cotidiana de Cleo, la sirvienta de la familia, el alma de la película y también su protagonista, una protagonista puesta en el reparto y sacada de los recuerdos del Director para hacerle un homenaje en toda regla a las mujeres que lo criaron.

Partiendo de la base de que todo está inventado, Cuarón ha estudiado a los grandes, ha organizado sus recuerdos, ha hecho acopio de  referentes y ha dado forma a un imaginario colectivo que te atrapa sin necesidad de hablar. Sin embargo su poder narrativo es tan enorme que las escenas comunican por sí mismas sin apenas mediar palabra.

A este poder narrativo le ayuda un movimiento de cámara en redondo, pausado, donde se muestra todo tal como es, filmada en blanco y negro, en una escala de grises de muy corta tesitura, qué refleja la cotidianeidad tranquila, regular, sin sobresaltos, llena de bienestar.

Durante toda la película Cuarón nos va dejando miguitas de pan para que lleguemos al final del camino sin perdernos y sin sobresalto, aunque todas estas precauciones que se toma no pueden evitar la gran emoción que el espectador va a sentir cuando descubra el final, que entre otras muchas cosas es sutil y bello.

México y el mundo entero puede estar orgulloso de Cuarón.

martes, 12 de diciembre de 2017

“Gente corriente” (“Ordinary People”, Robert Redford, 1980).

Robert Redford se estrenaba como Director con esta película sorprendiendo a propios y extraños. Aunque hubo público que se sintió indiferente ante la cinta, el enclave temporal en el que se hallaba es una característica determinante. El mundo, sobre todo por aquellos lares, empezaba a detenerse en lo personal, en lo cotidiano, se comenzaba a distinguir entre la apariencia y la realidad, el desarrollo personal y el bienestar emocional florecían lentamente pero sin pausa, y, como un arte más, el cine se hacía eco de ello: “Annie Hall”, Woody Allen, 1977; “Interiores”, Woody Allen, 1978 o “”Kramer contra Kramer”, Robert Benton, 1979.

Gente corriente” es un psicodrama con un ritmo marcado por la música que le acompaña durante toda la cinta. El Canon en re mayor de Pachelbel, que el alemán compusiera en 1680, envuelve cada fotograma, otorgando una emoción añadida desde su inicio, acompañado de imágenes que sugieren tranquilidad y calma de una apariencia que se irá desvelando poco a poco, hasta el final donde un casi primer plano va alejándose dando una visión de conjunto, global.

Conrad Jarred es un adolescente marcado por la culpabilidad tras la muerte de Buck, su hermano mayor. Inserto en una familia de clase media alta, formada por padre, madre e hijo, a las afueras de Chicago, la historia comienza cuando Conrad vuelve a su casa tras cuatro meses de ausencia por un acontecimiento que se irá desvelando gota a gota y un duelo que se vivirá de varias formas diferentes en función de cada miembro de la familia.

Las semejanzas y las diferencias de madre e hijo confrontan permanentemente, dando lugar a una lucha paralizante entre la apariencia y la realidad, entre el ejercicio físico y el crecimiento emocional, el rechazo y el acogimiento, la individualidad y el trabajo en equipo, la toma de conciencia con el compromiso y el ser aséptico, carente de emoción y sentimiento, Freud estaría encantado con esta película.

Al parecer la cinta tiene tintes autobiográficos, entre otras cosas un recurso muy utilizado por los Directores cinematográficos en sus operas primas. No dudo que Robert Redford podría haber abarcado más o puntualizar más o muchas cosas más, pero la película es así y así la quiso plasmar su Director, dejando una satisfacción final difícil de explicar. 

viernes, 10 de noviembre de 2017

“Silencio”, Martin Scorsese. 2016.


Llena de expectativas me siento en la sala de cine a disfrutar de esta película. Siempre me informo previamente porque así disfruto más de la cinta.

La misión de los Jesuitas en Japón durante los siglos XVI y XVII es un tema absolutamente novedoso para mi, por tanto considero que, en este caso, es más necesario aún conocer esta parte de la historia, no solo para disfrutar de la película, sino para entender qué nos están contando básicamente.

La película de Scorsese está basada en la novela homónima de Shusako Endo (27 de marzo de 1923, Toshima, Tokio, Japón, 29 de septiembre de 1996, Tokio, Japón) un reconocido escritor japonés del siglo XX que escribió con la singular perspectiva de ser japonés y católico, teniendo en cuenta que la población cristiana en Japón es del 1%.

Al parecer el proceso de integración del catolicismo en Japón fue muy dificultoso y Endo sufrió esta inculturación en él mismo y en su familia. Considero que este aspecto es crucial a la ahora de la adaptación cinematográfica de la novela, tanto a nivel argumental como en las consideraciones personales de cada papel.

La película trata de dos sacerdotes Jesuitas portugueses, Sebastião Rodrigues (Andrew Garfield) y Francisco Garrpe (Adam Driver) que se enfrentan a una persecución violenta cuando viajan a Japón en 1640 con dos objetivos: localizar a su mentor, el Padre Cristóvão Ferreira (Liam Nesson), y difundir las enseñanzas del cristianismo. En este aspecto la película sobrecoge por la crudeza de las imágenes, los métodos de sometimiento y los fundamentalismos de los personajes, que ríase usted de los yihadistas.

Sobre todos los actores me quedo con Andrew Garfield (Leones por corderos, La red social). A su corta edad (33 años) tienes mucho camino recorrido y, como no es extraño, borda el personaje.

Al estar la película basada en una novela y al ser esta novela de carácter histórico, ambas tiene las consideraciones personales que escritor y director hayan creído oportuno darle. Dejando claro este pormenor, hay un pequeño detalle en la adaptación de “Silencio” por Martin Scorsese que, según lo visto y leído, cambia por completo el sentido de la historia, sobre todo para el espectador que va virgen de conocimiento a la proyección.

En la película se pierde gran parte del proceso de dudas de fe del protagonista de la novela, en la cual dice literalmente “me he convencido de que el Dios que predica el clero en las iglesias y mi propio Dios son dos seres distintos”, por tanto Rodrigues apostata porque deja de ser católico, interiorizando una idea de Dios distinta a la doctrina de la época y por supuesto no permitida.

Dicho esto y conociendo este importante detalle, el final, que por supuesto no desvelaré, cambia totalmente el sentido y la esencia de la película, que queda claro en la novela y en la historia.
Al parecer Scorsese visitó El Vaticano para proyectar la película a un número elevado de sacerdotes jesuitas. No debe ser casual este hecho por dos consideraciones, una que Jorge Mario Bergoglio sea el primer Papa jesuita y otra que la “versión” de Scorsese sea más aceptada por la iglesia actual.

http://www.historiajaponesa.com/acerca-de-la-adaptacion-de-silencio-por-martin-scorsese/

http://filasiete.com/peliculas/silencio/




martes, 31 de octubre de 2017

Érase una vez una hoja de ruta.


Hace un año escribí:

La hoja de ruta está rota, Pedro Sánchez la hizo pedazos ayer en el programa de Jordi Évole, SALVADOS. (30.10.2016)

Hoy se ha escuchado, se escucha y seguiremos escuchando, en días sucesivos, todo tipo de descalificaciones. El PSOE, al completo, contra Pedro Sánchez, la guerra está servida.

Mientras las cabezas visibles, que hoy ocupan los cargos orgánicos del partido, siguen ocupándose y preocupándose por no perder su cuota de poder, las bases aclamamos y reclamamos una actitud de cambio, que nadie, ni de las bases ni de la cúspide, están dispuestos a ofrecer.

Para ellos quien se sale de la hoja de ruta o es un iluso o es un loco, no le dan otro calificativo, porque nadie nunca les plantó cara y no saben lo que hay al otro lado del espejo y, sinceramente, créanme, tampoco les interesa ni se lo plantean.

Porque innovar en política no está bien visto, no vaya a ser que nos convirtamos en un palo en la rueda del capitalismo, donde los medios de comunicación y las grandes empresas ocupan un espacio importante, y se acabe la fina y resistente red tejida durante 40 años, qué paradójico todo, no?

Lo triste de todo esto es que este sea el funcionamiento de un partido de izquierdas, de un partido que hace años que se va alejando a pasos agigantados de la ideología que lo vio nacer, para rendirse a los pies de los poderosos y que, además, no tiene ningún interés en cambiar.


Suerte.

La coyuntura ha cambiado, los personajes son los mismos y aunque la vida política sigue, las estrategias no cambian ni la intención tampoco.

jueves, 26 de octubre de 2017

“Un monstruo viene a verme”. Juan Antonio Bayona (2016).



Hoy he vuelto a disfrutar de una tarde de cine. He salido de la película encantada. Y como todas las experiencias cinematográficas, me dejan una sensación de bienestar que si no la pienso, no la elaboro y la pongo fuera, algo falta, así que ahí va mi comentario sobre la peli de esta tarde."Un monstruo viene a verme" Juan Antonio Bayona (2016).

Llegué a la película aturdida por la machacante promoción que ha tenido en los medios de comunicación. Esto, unido a un lento despegue, me ha transmitido que lo bueno se hace esperar.
Se percibe claramente cómo su Director bebe del cine clásico. Sus claras referencias a "King Kong" y a "E.T." son evidentes.

Amenabar creó tendencia al autopsicoanalizarse a través de sus películas, Bayona percibió esa genialidad, que ya Woody Allen "patentara", y lo ha incorporado a sus películas con maestría.
La idea de ambigüedad que transmite para comunicarnos que nada es bueno ni malo sino todo lo contrario, ese anti-maniqueismo, siempre resulta positivo y gusta a propios y extraños.


Bayona está un un momento de "ahora o nunca" en su camino a la consagración, por eso le "perdono" su enfoque atronador de un final que, para mí, hubiera sido perfecto con algo más de fragilidad.

"Ghost in the Shell", Mamoru Oshii. 1995.

"El anime es ver el mundo en un grano de arena." La definición más bonita, acertada y determinante que he escuchado sobre este gén...