La hoja de ruta está rota, Pedro
Sánchez la hizo pedazos ayer en el programa de Jordi Évole,
SALVADOS. (30.10.2016)
Hoy se ha escuchado, se escucha y
seguiremos escuchando, en días sucesivos, todo tipo de
descalificaciones. El PSOE, al completo, contra Pedro Sánchez, la
guerra está servida.
Mientras las cabezas visibles, que hoy
ocupan los cargos orgánicos del partido, siguen ocupándose y
preocupándose por no perder su cuota de poder, las bases aclamamos y
reclamamos una actitud de cambio, que nadie, ni de las bases ni de la
cúspide, están dispuestos a ofrecer.
Para ellos quien se sale de la hoja de
ruta o es un iluso o es un loco, no le dan otro calificativo, porque
nadie nunca les plantó cara y no saben lo que hay al otro lado del
espejo y, sinceramente, créanme, tampoco les interesa ni se lo
plantean.
Porque innovar en política no está
bien visto, no vaya a ser que nos convirtamos en un palo en la rueda
del capitalismo, donde los medios de comunicación y las grandes
empresas ocupan un espacio importante, y se acabe la fina y
resistente red tejida durante 40 años, qué paradójico todo, no?
Lo triste de todo esto es que este sea
el funcionamiento de un partido de izquierdas, de un partido que hace
años que se va alejando a pasos agigantados de la ideología que lo
vio nacer, para rendirse a los pies de los poderosos y que, además, no
tiene ningún interés en cambiar.
Suerte.
La coyuntura ha cambiado, los personajes son los mismos y aunque la vida política sigue, las estrategias no cambian ni la intención tampoco.
Hoy
he vuelto a disfrutar de una tarde de cine. He salido de la película
encantada. Y como todas las experiencias cinematográficas, me dejan
una sensación de bienestar que si no la pienso, no la elaboro y la
pongo fuera, algo falta, así que ahí va mi comentario sobre la peli
de esta tarde."Un monstruo viene a verme" Juan Antonio
Bayona (2016).
Llegué
a la película aturdida por la machacante promoción que ha tenido en
los medios de comunicación. Esto, unido a un lento despegue, me ha
transmitido que lo bueno se hace esperar.
Se
percibe claramente cómo su Director bebe del cine clásico. Sus
claras referencias a "King Kong" y a "E.T." son
evidentes.
Amenabar
creó tendencia al autopsicoanalizarse a través de sus películas,
Bayona percibió esa genialidad, que ya Woody Allen "patentara",
y lo ha incorporado a sus películas con maestría.
La
idea de ambigüedad que transmite para comunicarnos que nada es bueno
ni malo sino todo lo contrario, ese anti-maniqueismo, siempre resulta
positivo y gusta a propios y extraños.
Bayona
está un un momento de "ahora o nunca" en su camino a la
consagración, por eso le "perdono" su enfoque atronador de
un final que, para mí, hubiera sido perfecto con algo más de
fragilidad.
Manchester-by-the-Sea es un pueblo del condado de Essex en el estado de Massachusetts, además es el escenario de la película "Manchester frente al mar" de Kenneth Lonergan, 2016.
La película es una de las grandes de la temporada. Es un drama intimista que prácticamente tiene una trama única, siendo esto uno de sus mayores valores, ya que consigue, en sus más de dos horas de metraje (135 minutos), atrapar al espectador, traspasando la pantalla y, como una lluvia fina pero fría, calar hasta los huesos, con una intensidad difícil de mantener.
Esto lo consigue su Director, que además es el guionista, y la magistral interpretación de Casey Affleck (Falmouth, Massachusetts, 1975). Su labor es impresionante porque convence, y es creíble porque lo hace sin exageraciones, es el claro ejemplo de una labor actoral genial por minimalista, reduciendo su trabajo a lo esencial, dando un resultado extraordinario que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas ha sabido valorar y le ha valido el Oscar a mejor actor protagonista.
La película habla de la historia de un hombre devastado por la culpa, por un hecho que se devela a mitad de la trama y que afecta a todo su entorno personal, familiar e incluso local, una bomba que es tratada con total respeto hacia los implicados en la misma y por ello hacia el espectador.
La película tiene un ritmo lento pero sin pausa, conforme van pasando las escenas, los cambios de escenarios y los sucesivos flash back, se desvelan, como una toma de conciencia, los instrumentos y recursos que el Director ha ido introduciendo, de manera intencionada, para conseguir el efecto deseado.
Ha sido tan emocionante llegar a percibir esto que, a continuación, relaciono algunos de estos detalles. Y digo algunos porque lógicamente se me escaparan muchos y otros son tan sutiles que explicarlos sería demasiado arduo.
En los trece minutos iniciales el Director nos presenta a Lee, el protagonista y ves claramente que cuando la culpa te corroe por dentro da igual a lo que te dediques, aunque realizando las tareas más denigrantes puedes atenuar lo que verdaderamente te daña y te duele, y te hace ver la realidad más negativa, te impide llorar y expresar emociones, aunque la agresividad está a flor de piel, en definitiva, el "coctel" perfecto para la persona que está hundida en la miseria psicológica más absoluta.
La música te acompaña durante toda la película. Lesley Barber ha realizado y elegido unos temas perfectos para la banda sonora, dejando, de forma altruista, todo el protagonismo a las piezas clásicas de Albinoni y Haendel, que además ocupan los momentos de mayor fuerza. Ellos están precedidos de una música coral que augura la tragedia, como un redoble de tambor, que a continuación se tornará en verdadera oscuridad, con unos preciosos giros en la tonalidad, dando el resultado deseado por el Director.
El recurso del flash-back es utilizado por el Director con total maestría. Todo los recuerdos del protagonista van apareciendo en el momento justo, como un martillo que golpea en su corazón sin piedad, mientras atraviesa en su coche el pueblo de Manchester o en el despacho del abogado.
La relación del protagonista con su sobrino ocupa los últimos tres cuartos de la película y es el hilo conductor del argumento hasta el final. Es una relación fuerte y libre, con total entendimiento mutuo, aunque llena de desencuentros provocados por las circunstancias.
Hay algo que sobrevuela durante toda la película, en algunas ocasiones planea sin llegar a tocar el suelo y en otras vuela alto como un buitre: la relación con las mujeres.
El barco, pieza importante en la película, se llama Claudia Marie, el nombre de la madre del protagonista. La esposa de Joe, el hermano mayor, Elise. La esposa de Lee, Randy. y las novias de Patrick, el hijo de Joe y sobrino de Lee, Silvie y Sandy.
Todas esas relaciones tienen una característica en común, por una cosa u otra, e incluso si ofrecer información alguna, se percibe cómo las mujeres no terminan de encajar.
Kenneth Lonergan se llevó el Oscar al mejor guión original, merecidísimo. El poder narrativo de algunas escenas pone la piel de gallina. Coger un pañuelo del suelo mientras su sobrino le observa o situarse en la parte sombría de una habitación, donde solo se ve su silueta, hacen un engranaje perfecto con el guión dando un resultado grandioso desde la esencia.
Como colofón a este guión, una conversación que empieza en el minuto 115, en la que nunca un "... y te quiero." fue tan triste y tan profundo, tan grande y tan sentido, llegándote al corazón como un torpedo. Y sobre todo Michelle Williams, impresionante.
A la trama no se le ve un final, está borroso, como la imagen de Lee en la ventana. Pero de forma sutil, sin notarse, y tomando como referencia la relación materno-filial, conjuntamente con un motor nuevo que pone en funcionamiento la vida otra vez, llega ese final esperado, que va fluyendo hasta su desenlace.
Nunca escribí su nombre entero,
nunca lo sentí tan cerca como lo siento hoy. Hoy, 15 de junio de 2017, hace 38 años que mi hermano murió. Yo tenía 13 años y repetía 8º de
E.G.B. Si esto no hubiera sucedido, no sería la persona que soy hoy.
“No hay mal que por bien no
venga” se convierte en un refrán mezquino y trivial, superfluo y
sin alma. Culparme de todo lo que, de forma
inadecuada, generó aquella coyuntura, solo hace alimentar mi ego
para darle vida a la culpa, que nos aniquila y nos ciega, que nos
enmudece y nos anula. Si no somos capaces de sacar a flote el
entendimiento de esa dicotomía, tan pueril y madura a la vez,
estamos a mitad de camino entre lo vivido y lo deseado, entre el
bienestar y la felicidad, entre lo real y lo soñado. Sigo en el arduo intento de
conseguir abarcarla, sin medida pero con suavidad, para que, poco a
poco, sea interiorizada y forme parte de mi, sin ambages. Doy gracias a la vida y al universo
por permitirme seguir adelante.
En la madrugada de uno de los primeros días del abril de 1938 suenan unos golpes dados con la culata de un arma de fuego, culatazos, en la puerta de mi tía Josefa, la Tata. Era la Guardia Civil que buscaba a su marido para llevarlo preso por comunista.
Esta historia la he escuchado en mi casa desde que tengo memoria, aunque nunca, hasta ahora, había escrito algo sobre ella.
Y tiene que ser ahora, curiosamente, en este año, precisamente, en 2017, año en el que se centran todas las efemérides, habidas y por haber, relacionadas con la ideología comunista.
En 1867 se publica "El Capital" de Karl Marx, libro que cumple 150 años de historia.
El 8 de marzo de 1917 estalla de Revolución Rusa, por tanto este año es el centenario de aquel importante acontecimiento.
El 27 de abril de 1937 muere en Roma Antonio Gramsci, filósofo, teórico marxista, político y periodista, fundador del Partido Comunista Italiano, cumpliéndose este año, también, el 80º aniversario de su muerte.
El 9 de abril de 1977 se legaliza el Partido Comunista en España, Radio Nacional lo anuncia a través del periodista Alejo García. Este año cumplimos cuatro décadas de comunismo oficial en España. Todos los acontecimiento que acabo de exponer están recogidos en el calendario oficial y son celebrados y recordados por todos. Sin ir más lejos Alberto Garzón hoy los recuerda en una publicación en e EL PAIS.
Pero aparcando todo esto y centrándonos en las pequeñas cosas, que forman toda una verdadera y real revolución, que están en la memoria individual y colectiva, a la vez, de esas personas anónimas, que forman parte de familias, como la mía, este 2017 también se cumple el 40º aniversario de la muerte de José Leirana Carrión, que un día de abril gritó en la calle "¡Viva el comunismo!" y fue encarcelado en Sanlúcar de Barrameda un 15 de abril de 1938 y liberado tres meses después, valga todo esto por la vida de un hombre bueno.
Hace
unos años, cuando desarrollaba otro trabajo, en el cuál pasé unos
de los mejores momentos de mi vida, entré en el despacho de una
compañera y vi pegado en la pared un cartel que ponía “LAURA”,
parecía la portada de un libro, impresa a color y a tamaño A3,
quedé intrigada, dándole vueltas en la cabeza a lo que había
visto, pero tras un tiempo la inquietud se disipó.
A
los pocos días volví a ese despacho y le pregunte a mi compañera:
“Virginia por qué tienes ese cartel colgado ahí, qué es
exactamente”. Ella me respondió que era un libro que había
escrito su marido, sin más explicaciones.
Pasaron
semanas, entré en una librería y cual no fue mi sorpresa cuando en
una estantería, rodeado de muchos más libros, vi la misma imagen
que había visto en el cartel en la pared del despacho de mi
compañera. La intriga se apoderó de mí nuevamente, cogí el libro
entre mis manos y lo abrí.
Era
una novela, efectivamente titulada “LAURA”, de un autor
desconocido para mí, aun así compré el libro y me fui. Cuando
llegue a casa empecé a ojearlo, me paré en la dedicatoria que
decía: “A Virginia desnuda”.
De
momento una serie de posibles situaciones se me agolparon en la
mente, de las más variopintas, sobre mi compañera y su vida, sus
emociones, sus relaciones. No tenía mucha unión con ella en el
trabajo pero nuestra relación era cordial. Saqué mi conclusión
sobre la dedicatoria y la vida sentimental de mi compañera y lo dejé
pasar, tanto es así que olvidé aquella situación anecdótica.
Años
después, haciendo un curso de formación, coincidí con ella. Fue un
curso largo, de esos que se desarrollan durante meses, en los que te
ves con el mismo grupo de personas todas las semanas y entablas una
cierta relación de confianza. Lógicamente el asunto de la
dedicatoria volvió a aparecer en mis pensamientos, diciéndome que
así tendría más ocasiones de charla con ella y poder encontrar el
momento de comentarle que había comprado el libro que su marido
había escrito. La cuestión es que pasaban los días y el momento
apropiado no aparecía.
El
curso era de idiomas y era muy dado a trabajos en pareja,
conversaciones sobre un tema concreto y realización de narraciones.
Solíamos hacerlo sobre temas que dominábamos para que así fuera
más fácil su elaboración y estuviéramos más relajados.
Un
día le tocó el turno a mi compañera, había elaborado una
narración corta pero expresada con gran claridad, lo que denotaba el
gran conocimiento que tenía sobre el asunto; con fuerza pero sin
histrionismo, lo que nos hacía ver que tenía una gran seguridad
sobre ese tema; emocionada pero con una alegría en su mirada fuera
de lo normal. Y nos habló del cáncer, del que ella había pasado y
la había dejado sin los atributos femeninos más característicos,
del tiempo que vivió ella y su pareja y como superaron juntos esa
situación.
Fue
muy emocionante, y sobre todo la dedicatoria que decía: “A
Virginia desnuda” cobró forma y significado.
"Un
día de octubre, una voz familiar en el teléfono me dice:
-Sal
a la calle que hay un regalo para ti.
Entusiasmado,
salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso
carruaje estacionado justo, justo frente a la puerta de mi casa. Es
de madera de nogal lustrada, tiene herrajes de bronce y lámparas de
cerámica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy "chic".
Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran asiento semicircular
forrado en pana bordada y unos visillos de encaje blanco le dan un
toque de realeza al cubículo. Me siento y me doy cuenta que todo
está diseñado exclusivamente para mí, está calculado el largo de
las piernas, el ancho del asiento, la altura del techo… todo es muy
cómodo, y no hay lugar para nadie más.
Entonces
miro por la ventana y veo "el paisaje": De un lado el
frente de mi casa, del otro el frente de la casa de mi vecino… y
digo: "¡Qué bárbaro este regalo! "¡Qué bien, qué
lindo…!" Y me quedo un rato disfrutando de esa sensación.
Al
rato empiezo a aburrirme; lo que se ve por la ventana es siempre lo
mismo. Me pregunto: "¿Cuánto tiempo uno puede ver las
mismas cosas?" Y empiezo a convencerme de que el regalo que me
hicieron no sirve para nada.
De eso me ando quejando en voz alta
cuando pasa mi vecino que me dice, como adivinándome: -¿No te das
cuenta que a este carruaje le falta algo?
Yo pongo cara de
qué-le-falta mientras miro las alfombras y los tapizados.
-Le
faltan los caballos – me dice antes de que llegue a preguntarle.
Por
eso veo siempre lo mismo -pienso-, por eso me parece aburrido.
-Cierto
– digo yo.
Entonces
voy hasta el corralón de la estación y le ato dos caballos al
carruaje. Me subo otra vez y desde adentro les grito:
-¡¡Eaaaaa!!
El
paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente
y eso me sorprende.
Sin
embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración en el
carruaje y a ver el comienzo de una rajadura en uno de los
laterales.
Son los caballos que me conducen por caminos terribles;
agarran todos los pozos, se suben a las veredas, me llevan por
barrios peligrosos.
Me doy cuenta que yo no tengo ningún control
de nada; los caballos me arrastran a donde ellos quieren. Al
principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es
muy peligroso.
Comienzo
a asustarme y a darme cuenta que esto tampoco sirve.
En
ese momento veo a mi vecino que pasa por ahí cerca, en su auto. Lo
insulto:
-¡Qué me hizo!
Me
grita:-¡Te falta el cochero!
-¡Ah!
– digo yo.
Con
gran dificultad y con su ayuda, sofreno los caballos y decido
contratar un cochero. A los pocos días asume funciones. Es un hombre
formal y circunspecto con cara de poco humor y mucho conocimiento.
Me
parece que ahora sí estoy preparado para disfrutar verdaderamente
del regalo que me hicieron. Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le
indico al cochero a dónde ir.
Él
conduce, él controla la situación, él decide la velocidad adecuada
y elige la mejor ruta.
Yo…
Yo disfruto el viaje.
Hemos
nacido, salido de nuestra casa y nos hemos encontrado con un regalo:
nuestro cuerpo.
A
poco de nacer nuestro cuerpo registró un deseo, una necesidad, un
requerimiento instintivo, y se movió. Este carruaje no serviría
para nada si no tuviera caballos; ellos son los deseos, las
necesidades, las pulsiones y los afectos.
Todo
va bien durante un tiempo, pero en algún momento empezamos a darnos
cuenta que estos deseos nos llegaban por caminos un poco arriesgados
y a veces peligrosos, y entonces tenemos necesidad de sofrenarlos.
Aquí es donde aparece la figura del cochero: nuestra cabeza, nuestro
intelecto, nuestra capacidad de pensar racionalmente.
El
cochero sirve para evaluar el camino, la ruta. Pero quienes realmente
tiran del carruaje son tus caballos.
No
permitas que el cochero los descuide. Tienen que ser alimentados y
protegidos, porque… ¿qué harías sin los caballos? ¿Qué sería
de vos si fueras solamente cuerpo y cerebro? Si no tuvieras ningún
deseo, ¿cómo sería la vida? Sería como la de esa gente que va por
el mundo sin contacto con sus emociones, dejando que solamente su
cerebro empuje el carruaje. Obviamente tampoco puedes descuidar el
carruaje, porque tiene que durar todo el proyecto. Y esto implicará
reparar, cuidar, afinar lo que sea necesario para su mantenimiento.
Si nadie lo cuida, el carruaje se rompe, y si se rompe se acabó el
viaje…"