Björn Borg dejó el tenis a los 26 años, cuando jugaba nadie sabía lo que pasaba por su cabeza, no era frío, porque su tenis tampoco lo era, pero si impenetrable.
John McEnroe fue un deportista diferente, en su forma y en su fondo, en su tenis y en su personalidad, explosivo, con el juego menos ortodoxo de todo el circuito.
Ya por aquella época se decía que el tenis de Borg era impecable y que el tenis de McEnroe era genuino, que el primero crearía escuela y que el otro no dejaría secuela. Y así fue, después de Borg vinieron, Wilander, Edberg, Nyström... tras McEnroe, nadie.
Quizá todo tenga su origen en los principios de los propios jugadores tanto de Borg como de McEnroe. Los dos fueron fruto de la exigencia, de dos exigencias diferentes, porque sus orígenes eran diferente, quizá porque sus culturas eran diferentes, incluso la manera de manifestarse era diferente, pero nadie hubiera dicho en aquella época que tenía la misma esencia.
El tenis afortunadamente cambió y se profesionalizó, de manera que evitó todo lo que estos dos jugadores sufrieron, cada uno, a su manera, y que les sirvió de punto de unión.
De una forma muy sutil y dejando correr el imaginario colectivo de quien vivió aquella época, Janus Metz Pedersen dirige la película "Borg vs McEnroe" que refleja todo lo que significó para los jugadores, para su entorno, para sus países, para el tenis y para el mundo, aquella final de Wimbledon de 1980, que verla en directo fue algo trepidante e inexplicable, de ahí el valor añadido del Director al hacer esta película.
Sobre la película decir que el Director tiene sus orígenes en el documental, lo que le da un plus al resultado, y poco más, porque los secretos de esta cinta son dos, uno ir virgen a su visionado y dos haber tenido algún tipo de vinculación con el deporte del tenis, y si se conoció en aquella época pues muchísimo mejor.
Solo una cosa más, me parece una genialidad la primera escena de la película, en la cual Borg está ante el precipicio en el balcón de su casa, representando, en una sola escena, el estado emocional y el sufrimiento, que es un protagonista más del film.
Años más tarde de la historia que cuenta la película Borg y McEnroe se hacen amigos. Borg fue padrino de boda de McEnroe y su amistad perduró en el tiempo.
Chapeau por William Wyler que fue capaz de llevar a la pantalla por segunda vez, con 30 años de diferencia, una película sobre relaciones lésbicas.
La calumnia de William Wyler, 1961, otra historia maravillosa contada de forma inmensa, aunque en su época tuviera a la crítica dividida, muestra sin decir, señala sin nombrar, con elipsis que aciertan con el presente de forma milimétrica.
En la película dos actrices, Shirley MacLaine como Marta y Audrey Hepburn como Karen, que trabajaron juntas en esta cinta únicamente y sin embargo funcionan extraordinariamente bien.
James Garner, como el Dr. Joe Cardin, quizás al principio se puede entender como un fallo de casting pero con ese final tan contundente encaja a la perfección.
"La calumnia", un título aplastante y una de las pocas veces, que el elegido en español es más acertado que el título original, "The children's hours".
Por último, curioso como en el desenlace, habiéndose descubierto la calumnia, habiéndose ofrecido un resarcimiento, el final es fatalista. Parece como que al descubrirse los sentimientos que estaban en el inconsciente de una de las protagonistas, surgiera la culpa y se ofreciera el fatal desenlace al espectador.
Finalmente ese camino triunfal de Karen, (Audry Hepburn), con ese travelling maravilloso, libre de obstáculos, entre los integrantes de aquella farsa, con cimientos tan profundos, ponen de manifiesto la soledad de los sentimientos más auténticos y es la verdadera compensación por todo el daño infringido.
En uno de los momentos de la vida en los que hay que mostrar la mayor fortaleza posible, da comienzo la película, y lo hace con un plano agónico de 23 minutos.
Los personajes están muy dañados, se advierte debilidad en cada uno de ellos y sus actitudes los definen para el resto de la cinta.
Shia LaBeouf interpreta el papel protagonista masculino, lo hace con maestría, definiendo muy bien su personaje, un hombre rudo y sensible a la vez, que proviene de un estamento social diferente al de su pareja, y lo refleja una actitud muy típica de inferioridad, aunque los orígenes, probablemente, fueran los mismos. Siempre intenta dar seguridad y fuerza a la unión.
Vanessa Kirby interpreta el papel protagonista femenino con una solidez conmovedora. Su sensibilidad dramática y sobre todo su contención son abrumadoras, sus silencios dicen más que sus palabras, aunque cuando finalmente habla lo hace con una ternura tan fuerte como su dramatismo.
Una mención para Ellen Burstyn, actriz veterana, que interpreta el papel de la madre de la protagonista, una madre fuerte y dura. Un papel corto pero muy presente en esencia.
Concluyendo, no desvelo nada si digo que la manzana y su olor está muy presente, dispuesta durante toda la película para ser descubierta. También, casi de forma subliminal, se va construyendo un puente, al igual que las relaciones maternofiliales, para finalizar con un estrechamiento de manos, simbolizando el encuentro necesario y sanador.
La película sin lugar a duda habla de la pérdida en mayúsculas. Mostrar sin decir, señalar sin nombrar, poesía.
"Muchas veces se pone el acento de
la Sinfonía, se remarca el climax final de la Oda a la Alegría,
como la parte más importante o la parte más emocionante de la
Sinfonía, evidentemente constituye uno de lo puntos realmente más
impresionantes y más majestuosos, pero si solamente nos fijamos en
ese momento nos perdemos todo el proceso que conduce precisamente a
ese climax emocional, y el propio Beethoven la trabajó de esa
manera, está planteada así.
El
1º movimiento de la Sinfonía comienza con unos neutros intervalos
de quinta, no sabemos que va a suceder, es como el comienzo de la
vida de cualquier persona. De pronto estalla el acorde de re menor,
que viene como para significar algo así como la aparición en al
vida de cualquier ser humano, el primer contacto con el dolor, con lo
trágico, con las zarpazos que, inevitablemente, da la vida.
Después
viene el tema femenino, que cantan los vientos, que es de una enorme
dulzura. Evidentemente en la vida de cualquier persona se dan la mano
estas dos realizadas insoslayables, el dolor, el fracaso, la soledad
incluso la muerte. Y también esos momentos transfigurados de
felicidad, de compartir, de vivir la vida y de descubrir el lado
amable que tiene todo.
Pienso
que el primer movimiento habla de esas dos cuestiones, en la vida de
cualquier persona y la experiencia del dolor y de el gozo.
El
2º movimiento de la Sinfonía es un “scherzo”, es un movimiento,
una música, con un marcadísimo carácter de danza, nos invita a
danza, a bailar, a disfrutar de las cosas buenas de la vida, eso que
los clásicos llamaban la “humanae varietates”, todo aquello que
nos hace la vida más llevadera, más alegre, mas entretenida. El 2º
movimiento habla de todo eso que nos encontramos los hombres y ante
lo que tenemos que tomar partido.
El
3º movimiento de la Sinfonía es el adagio, el movimiento lento, a
mi modo de ver aquí se produce lo más importante que tiene lugar en
esta Sinfonía, la transformación interior. Esta música dilatada,
larguísima, absolutamente espiritual, casi no se puede decir nada,
uno solamente puede dejarse penetrar, atravesar, por esta música
maravillosa, que nos pone en contacto con lo más genuinamente
personal de nosotros mismos. Una música planteada por Beethoven como
una especia de hilo, de arco, dramático, enorme, larguísimo, que
dura todo el movimiento, realmente es muy difícil de interpretar,
conseguir ese hilo que no debe tener fisuras, del principio al fin,
con esas variaciones maravillosas, sobre este tema que es el tema de
la transformación interior.
El
sujeto se pone delante de si mismo, se formula las grandes preguntas,
las preguntas que tienen que ver fundamentalmente con el amor, la
muerte, la trascendencia. En virtud de la respuesta que el sujeto dé
a esa interpelación, a esas preguntas, entonces el sujeto resulta
trasformado y entonces está en disposición de ir vaciándose de si
mismo para poco a poco ir fijándose en los demás, abriéndose con
generosidad a los demás y en concreto a todos los demás, a esas
personas que quizá lo pasan peor que uno mismo.
Solamente
cuando uno ha asimilado, ha hecho suyo, este tercer movimiento, esta
invitación que nos hace Beethoven, y hace que esa invitación
resuene dentro de él y lo transforme, está en disposición de, poco
a poco, ir conduciéndose hacia el 4º movimiento y llegar a cantar
esa explosión final, ese maravilloso canto a la libertad, a la
apertura al otro, al abrazo al otro, al canto a la alegría, a la
alegría hija del Eliseo, ese climax final que nos invita a unirnos
unos a otros en un abrazo que no conozca fin.
Es
un canto a la libertad, es una obra que invita, tal vez de manera más
directa y de forma más automática que ninguna obra musical, a que
todos los hombres nos unamos en un abrazo, en un beso, que llegue al
último rincón de la Tierra, de hay es de dónde viene el nombre del
Proyecto “ A Kiss for all the World”, es la traducción de uno de
los versos de la Oda a la Alegría de Schiller con la que acaba la 9ª
Sinfonía, “abrazaos multitudes, este beso al mundo entero”.
Claro
es impresionante como en el último movimiento irrumpe de una manera
virginal, por primera
vez la voz humana,
precisamente porque la música es insuficiente para transmitir ese
mensaje que él necesita comunicar a esas personas con las que no
puede comunicarse verbalmente, es la gran herramienta contra la
incomunicación.”
Esta es la transcripción del video (pongo en el enlace a continuación) realizado por Iñigo Pírfano (Bilbao, 22 de febrero de 1973) director de orquesta, escritor y conferenciante español. Hijo de Pedro Pírfano Zambrano nacido en la localidad Fuente del Maestre (Badajoz) el 19 de abril de 1929, fue Director del Orfeón Pamplonés entre 1960 / 1967.
Pedro Pírfano estudió solfeo, armonía, contrapunto y fuga en el Real Conservatorio de Música de Madrid. Curso los estudios de composición en el Conservatorio Superior del Liceo de Barcelona. además, realizó la carrera de canto en los Conservatorios de Barcelona (Liceo) y Madrid. Cursó los estudios de dirección de orquesta en la Academia Chigiana de Siena (Italia) y en el Mozarteum de Salzburgo (Austria), con los maestros Celibidache, Scherchen y Von Karajan.
Honrar a los hijos de la tierra debería ser una obligación, hay que tomar nota.
Orson Welles llega a la industria del cine muy joven, a los 26 años ya había ganado un Óscar y era considerado un artista de éxito muy versátil. Y digo llega porque era un advenedizo, no había echado los dientes en Hollywood y lo consideraban una persona de "fuera". Eso a primera vista era una desventaja, pero también tenía otra perspectiva, al no haber formado parte de la creación del engranaje de Hollywood veía desde la barrera todo lo que pasaba en la industria y lógicamente le daba una visión de análisis maravillosa. Esto le lleva a crear la película "Ciudadano Kane", que para entendernos es como el Quijote de las novelas de caballería.
"Ciudadano Kane" cuenta la vida de William Randolph Hearst (1863-1951). Hearst fue un periodista, editor, publicista, empresario, inversionista, político y magnate de la prensa y los medios estadounidenses, que emergió como uno de los más poderosos personajes de la escena política y empresarial de los EE. UU.
Hearst consolidó uno de los más grandes imperios empresariales de la historia, llegando a poseer un total de 28 periódicos de circulación nacional. Era ampliamente conocido por usar los medios como auténticos instrumentos políticos, además de ser el más afamado de los promotores de la prensa amarilla, se valió de generar escándalos y de la manipulación mediática, para lograr que sus intereses comerciales y políticos se viesen beneficiados.
Deseoso de consagrarse en el campo político, Hearst trató de alcanzar varios cargos públicos, valiéndose de todas las herramientas de las que disponía. No tuvo éxito y en lo sucesivo no interferiría directamente en la política, aunque sí mantendría injerencia en la misma.
El propio Hearst trató de evitar que la película de Welles fuese lanzada al público, lo que ocasionó que la cinta no lograse obtener un buen resultado en las taquillas. No obstante, la película conseguiría ganar un Óscar y a la larga sería considerada como una de las más extraordinarias obras del séptimo arte.
Aunque la compañía cinematográfica estadounidense RKO, tras su éxito radiofónico en 1939 con "La guerra de los mundos", le dio libertad de producción a Welles, no realizó más peliculas porque la caza de brujas del macartismo le obligó a trasladarse a Europa.
Por otro lado un dato y es que los guionistas en aquella época estaban muy considerados y bien pagados, conocían la industria desde dentro, tenía todo lo que querían, vivía muy bien y no estaban dispuestos a que nada cambiara. Orson Welles llega con ganas de hacer un cine diferente e incómodo, por tanto se auguraba momentos de inquietud e intranquilidad.
La producción de "Ciudadano Kane" en general y la figura de Herman J. Mankiewicz, guionista de la película, en particular, es lo que refleja David Fincher en su película de 2020 titulada "Mank". Con un guión escrito por su padre, Jack Fincher, cuenta la vida de Mankevich, los problemas y las desavenencias que tuvieron Orson Welles y él para sacar la película adelante. Hubo presiones a muchos niveles para que la película no saliera. Aún así, como he comentado antes, la película ve la luz aunque desmerecida en los reconocimientos y en la taquilla, pero el tiempo, como siempre, puso a la película en el lugar que le correspondía.
Para conocer el universo que la conforma hay que saber otro dato más. Jack Fincher, como dije antes el padre de David Fincher, escribió en una ocasión un guión para una película biográfica sobre Howard Hughes, (Hughes, productor cinematográfico, reconocido, de la industria, no advenedizo e íntimo de William Randolph Hearst). Dicho guión finalmente se fusionará con el proyecto en el que se convirtió en "El Aviador", Martín Scorsese, 2004, y que por supuesto no firma Jack Fincher sino John Logan.
En definitiva David Fincher centrando su película en la figura del guionista nos da una visión muy real de cómo se movía ese mundo en aquella época y hace una película increíble, que por cierto está en el catálogo de Netflix.
Siempre me han fascinado las películas de Woody Allen. Intuitivamente percibía que esas películas, escena a escena, entrañaban una sapiencia oculta al alcance de pocos.
La primera película que vi fue “Otra mujer” (“Another woman”, Woody Allen, 1988). Fui a verla con un amigo al que le fascinaba el Director neoyorquino. Aún la lentitud del ritmo de las películas más bergmanianas de Allen me causaban cierta distracción, que, en aquel momento, me permitió observar la concentración de los espectadores.
La película me dejó ese regustillo que aparece cuando algo genial ha pasado delante de ti pero no has sido capaz de apreciarlo en su totalidad, por no ser el momento, por ejemplo.
Evidentemente he seguido viendo películas de Woody Allen, he seguido leyendo sobre él y he llegado a intentar conocer todo lo que le rodea, con naturalidad y sin sobresalto, apreciando que lo que de él acontece, ocurre y se conoce, es fruto de un genio y a los genios no me gusta someterlos a críticas, ni a ponerlos en valor, solo quiero disfrutarlos.
Un día, tras un reencuentro agradable, llega a mis manos un poema, por algunos considerado el poema perfecto: “La pantera” de Rainer Maria Rilke (Praga, 1875-1926). Lo leí, lo releí y sin saber por qué sentí ese mismo regustillo y supe que estaba ante una genialidad más.
«La pantera»
(En Le Jardín des Plaintes. Paris)
Su mirada, cansada de ver pasar las rejas, ya no retiene nada más. Cree que el mundo está hecho de miles de rejas y, más allá, la nada.
Con su caminar blando, pasos flexibles y fuertes, gira en redondo en un círculo estrecho; al igual que una danza de fuerzas en torno a un centro en el que, alerta, reside una voluntad imponente.
Algunas veces, se alza el telón de sus párpados, mudo. Una imagen viaja hacia dentro, recorre la calma en tensión de sus miembros y, cuando cae en su corazón, se funde y desvanece."
Rainer María Rilke.
Como internet es infinito, navegando por la red, donde un vídeo de YouTube te lleva a un artículo, donde hay un enlace que te enseña un término nuevo o una nueva relación entre cosas muy dispares, por arte de magia el poema se vincula a la película, y lo que no percibí en su momento hace que me sorprenda y me lleva de nuevo a otro visionado, y le voilà!!!, "La pantera" de Rilke es el punto de inflexión por el cual el Director invoca la imagen del instinto acorralado, herido en su jaula, en su asfixiante y reducido espacio donde agoniza el deseo, por tanto no es de extrañar que fuera el poema preferido de la madre de la protagonista, personaje que solo aparece en una imagen no muy nítida a lo lejos, una madre probablemente refugiada en su mundo presa de una relación insatisfactoria.
Por tanto, Marion es la Pantera que empieza a sentir la vida de la que se ha rodeado, una vida donde todo está en su lugar y todo en su sitio, donde nada se agita ni se mueve y la mirada ya no es suficiente.
Así, inmersa en esta senda de lecturas me llega un término sobre el cuál Freud teorizó, Thanatos (el instinto de la muerte, la agresión), que visto en contraposición con Eros (el instinto de la vida, el amor y la sexualidad en su más amplio sentido), nos da a conocer el ineludible significado de la condición humana. Lo que me lleva a la protagonista, reprimida por los barrotes de la jaula que sin duda son los esquemas heredados, las expectativas cumplidas a costa de la propia identidad adormecida, hacen de Marion una pantera enjaulada, donde la fuerza, el instinto, el deseo, reprimidos bajo las rejas de una máscara inmóvil hecha de lo correcto, lo juicioso, lo racional, lo analítico y el control que oculta finalmente la vida que agoniza y muere bajo esa máscara de inmovilidad.
La esperanza para el desenlace llega muy al principio de la película. La mujer embarazada, Hope (Esperanza), a la cual conoce a través de su voz por las rejillas (barrotes) del aire acondicionado y que acompañará a Marion, de forma indolente, durante toda la cinta, es símbolo del renacimiento y de la posibilidad de cambio.
Así que, leído lo leído y visto lo visto, sin lugar a dudas, hoy por hoy la película me abre una nueva dimensión, uniendo cine, literatura, psicología y filosofía, emergiendo una relación oculta que merece la pena descubrir. Así me gusta el cine y así lo vivo.
Hoy nos referimos al duelo musical que tuvo lugar en Viena la noche de Navidad de 1781.
El emperador José II del Sacro Imperio Romano Germánico invitó durante tres semanas al Gran Duque Pablo de Rusia y a su esposa a pasar unos días en Viena. Para entretenerles organizó un duelo musical, algo muy típico de la época, ya que los dos eran muy melómanos.
El emperador decidió enfrentar a dos personas, por un lado a Wolfgang Amadeus Mozart, que hacía poco había llegado a Viena, desde Salzburgo. Mozart era ya bastante famoso y fue considerado como el pianista local. Por otro lado estaba Muzio Clementi, era un músico muy famoso en la época, un gran virtuoso del piano, daba conciertos por toda Europa, mucho más famoso que Mozart.
El emperador hizo llamar a los dos, por separado, diciéndoles que vinieran a tocar la noche de Navidad en Palacio para él y para el Gran Duque de Rusia y su esposa, sin decirles que se trataba de un duelo, así cuando llegaron se dieron cuenta de cuál era la situación.
En estos duelos se apostaba, y en este caso el emperador José II apostó por Mozart y los Duques de Rusia apostaron por Clementi, que era mucho más famoso y conocido.
Dio comienzo el duelo, empezó el visitante, que era Clementi y tocó esto: Sonata op. 24 n2
Era una de las sonatas más famosas de Clementi (Sonata Op. 24 n2). Cuando finalizó todo el mundo en pie, aplaudiendo, todos los que habían apostado por Clementi pensaron que iban a ganar la apuesta porque aquello era insuperable. A continuación siguió tocando otra pieza, una de sus tocatas más famosas, (Tocata Op. 11) haciendo notar la rapidez con la que tocaba Clementi y resaltando los intervalos de tercera que hacían más compleja la pieza elegida: Tocata op. 11
Finaliza la intervención de Clementi, todo el mundo piensa que aquello era insuperable, hay que decir también que el piano estaba de moda, hacía poco tiempo que se había inventado.
A continuación sale Mozart, todo el mundo pensando a ver qué va a tocar, dado lo alto que su oponente había dejado el listón, y Mozart toca esto: “Ah!, vous dirai-je, mamam!”
Era una canción francesa, que tiene traducción en muchos idiomas, incluido el castellano, es un villancico titulado "Campanitas del lugar".
Mozart aprendió esta canción de pequeño cuando viajaba por Francia y la eligió por dos motivos. Esta canción habla de la difícil relación de un niño con su padre, asemejándose a la relación que Mozart tenía con el suyo. El otro motivo era decir que él no iba a competir con Clementi ni en rapidez, ni en virtuosismo, ni en todas estas cosas, quiso decir que a partir de una canción tan simple, que había tocado con un solo dedo, los asistentes iban a ver de lo que Mozart era capaz, y sin partitura, sin nada, solo con su imaginación y el inmenso espíritu universal de Mozart, lo que hizo fue empezar a realizar variaciones sobre está melodía tan simple, improvisando, escuchando debajo la canción siempre y así una tras otra hizo hasta 12 variaciones, como un juego, porque Mozart nunca dejó de ser un niño. Todo esto se recogió después se apuntó y tenemos todas estas variaciones hoy en día.
El resultado del duelo fue claro. De Clementi se dijo que fue capaz de mostrar su virtuosismo, que tocaba más rápido, con mayor precisión, más brillante, pero al final Clementi solo había sido capaz de tocar notas, mientras que Mozart había tocado emociones, habiendo sido capaz de llegar a todas las personas que estaban allí sin competir con Clementi, jugando en otra liga fue capaz de ganarle.
Después del duelo Mozart escribió una carta a Clementi diciéndole que tocaba bien, pero eso era todo, que con su mano derecha era muy bueno sobre todo en sus pasajes a terceras, pero más allá de eso (y aquí fue muy cruel) no tenía nada, absolutamente nada, no tenía ni gusto, ni sentimiento, resumiendo es un simple mecánico. Este último comentario iba con doble sentido porque Clementi era también fabricante de pianos.
Díez años después se estrenó "La flauta mágica", y cuando Mozart escribe esta ópera no se había olvidado de Clementi, también tenemos que entender que Mozart era una especie de computadora musical, cualquier cosa que suena, él la registra en su cabeza, como si fuera un disco duro, para siempre, y si hubiera tenido ordenador en su época no tendríamos 625 obras de Mozart, tendríamos mil millones de millones.
La cuestión es que si escuchamos la obertura de "La flauta mágica" nos damos cuenta que es el mismo tema de la sonata que había tocado Clementi en el duelo 10 años atrás. Mozart con esto quiere decir que hace 10 años tuvo un duelo con Clementi, que Clementi tocó una sonata magnífica y fue ovacionado por ello, que la sonata de Clementi dura un par de minutos y yo, Mozart, voy a ser capaz de desarrollar este tema hasta el infinito y hacer una obertura maravillosa. Tanto es así que esa célula de tema musical que a Clementi le dura apenas unos segundos, para Mozart es un universo y se convierte en toda la obertura de "La flauta mágica", infinita, porque Mozart era capaz, por un lado, de hacer todo tipo de variaciones sobre el tema, pero además solo con escuchar una música era capaz de tocarla sin fallar una sola nota.
Clementi asiste a la ópera, escucha la obertura y lógicamente sabe que aquello era su sonata ampliada. Clementi se sintió tan indignado que reedito su sonata para que todo el mundo supiera que ese tema era suyo e hizo poner en la primera página de la nueva edición la siguiente inscripción:
"Está sonata, con la tocata que sigue, fue interpretada por el autor (es decir por él mismo) ante su majestad imperial José II el año 1781, Mozart estaba presente".