viernes, 16 de junio de 2017

"Manchester frente al mar", Kenneth Lonergan, 2016.

Manchester-by-the-Sea es un pueblo del condado de Essex en el estado de Massachusetts, además es el escenario de la película "Manchester frente al mar" de Kenneth Lonergan, 2016.

La película es una de las grandes de la temporada. Es un drama intimista que prácticamente tiene una trama única, siendo esto uno de sus mayores valores, ya que consigue, en sus más de dos horas de metraje (135 minutos), atrapar al espectador, traspasando la pantalla y, como una lluvia fina pero fría, calar hasta los huesos, con una intensidad difícil de mantener.

Esto lo consigue su Director, que además es el guionista, y la magistral interpretación de Casey Affleck (Falmouth, Massachusetts, 1975). Su labor es impresionante porque convence, y es creíble porque lo hace sin exageraciones, es el claro ejemplo de una labor actoral genial por minimalista, reduciendo su trabajo a lo esencial, dando un resultado extraordinario que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas ha sabido valorar y le ha valido el Oscar a mejor actor protagonista.

La película habla de la historia de un hombre devastado por la culpa, por un hecho que se devela a mitad de la trama y que afecta a todo su entorno personal, familiar e incluso local, una bomba que es tratada con total respeto hacia los implicados en la misma y por ello hacia el espectador.

La película tiene un ritmo lento pero sin pausa, conforme van pasando las escenas, los cambios de escenarios y los sucesivos flash back, se desvelan, como una toma de conciencia, los instrumentos y recursos que el Director ha ido introduciendo, de manera intencionada, para conseguir el efecto deseado.

Ha sido tan emocionante llegar a percibir esto que, a continuación, relaciono algunos de estos detalles. Y digo algunos porque lógicamente se me escaparan muchos y otros son tan sutiles que explicarlos sería demasiado arduo.

En los trece minutos iniciales el Director nos presenta a Lee, el protagonista y ves claramente que cuando la culpa te corroe por dentro da igual a lo que te dediques, aunque realizando las tareas más denigrantes puedes atenuar lo que verdaderamente te daña y te duele, y te hace ver la realidad más negativa, te impide llorar y expresar emociones, aunque la agresividad está a flor de piel, en definitiva, el "coctel" perfecto para la persona que está hundida en la miseria psicológica más absoluta.

La música te acompaña durante toda la película. Lesley Barber ha realizado y elegido unos temas perfectos para la banda sonora, dejando, de forma altruista, todo el protagonismo a las piezas clásicas de Albinoni y Haendel, que además ocupan los momentos de mayor fuerza. Ellos están precedidos de una música coral que augura la tragedia, como un redoble de tambor, que a continuación se tornará en verdadera oscuridad, con unos preciosos giros en la tonalidad, dando el resultado deseado por el Director.


El recurso del flash-back es utilizado por el Director con total maestría. Todo los recuerdos del protagonista van apareciendo en el momento justo, como un martillo que golpea en su corazón sin piedad, mientras atraviesa en su coche el pueblo de Manchester o en el despacho del abogado.

La relación del protagonista con su sobrino ocupa los últimos tres cuartos de la película y es el hilo conductor del argumento hasta el final. Es una relación fuerte y libre, con total entendimiento mutuo, aunque llena de desencuentros provocados por las circunstancias.

Hay algo que sobrevuela durante toda la película, en algunas ocasiones planea sin llegar a tocar el suelo y en otras vuela alto como un buitre: la relación con las mujeres.

El barco, pieza importante en la película, se llama Claudia Marie, el nombre de la madre del protagonista. La esposa de Joe, el hermano mayor, Elise. La esposa de Lee, Randy. y las novias de Patrick, el hijo de Joe y sobrino de Lee, Silvie y Sandy.

Todas esas relaciones tienen una característica en común, por una cosa u otra, e incluso si ofrecer información alguna, se percibe cómo las mujeres no terminan de encajar.

Kenneth Lonergan se llevó el Oscar al mejor guión original, merecidísimo. El poder narrativo de algunas escenas pone la piel de gallina. Coger un pañuelo del suelo mientras su sobrino le observa o situarse en la parte sombría de una habitación, donde solo se ve su silueta, hacen un engranaje perfecto con el guión dando un resultado grandioso desde la esencia.

Como colofón a este guión, una conversación que empieza en el minuto 115, en la que nunca un "... y te quiero." fue tan triste y tan profundo, tan grande y tan sentido, llegándote al corazón como un torpedo. Y sobre todo Michelle Williams, impresionante.

A la trama no se le ve un final, está borroso, como la imagen de Lee en la ventana. Pero de forma sutil, sin notarse, y tomando como referencia la relación materno-filial, conjuntamente con un motor nuevo que pone en funcionamiento la vida otra vez, llega ese final esperado, que va fluyendo hasta su desenlace.




jueves, 15 de junio de 2017

Emilio José López-Cepero Mora (1972-1979)


Nunca escribí su nombre entero, nunca lo sentí tan cerca como lo siento hoy.

Hoy, 15 de junio de 2017, hace 38 años que mi hermano murió. Yo tenía 13 años y repetía 8º de E.G.B. Si esto no hubiera sucedido, no sería la persona que soy hoy.

No hay mal que por bien no venga” se convierte en un refrán mezquino y trivial, superfluo y sin alma.

Culparme de todo lo que, de forma inadecuada, generó aquella coyuntura, solo hace alimentar mi ego para darle vida a la culpa, que nos aniquila y nos ciega, que nos enmudece y nos anula. Si no somos capaces de sacar a flote el entendimiento de esa dicotomía, tan pueril y madura a la vez, estamos a mitad de camino entre lo vivido y lo deseado, entre el bienestar y la felicidad, entre lo real y lo soñado.

Sigo en el arduo intento de conseguir abarcarla, sin medida pero con suavidad, para que, poco a poco, sea interiorizada y forme parte de mi, sin ambages.

Doy gracias a la vida y al universo por permitirme seguir adelante.



miércoles, 12 de abril de 2017

"¡Viva el comunismo!"

En la madrugada de uno de los primeros días del abril de 1938 suenan unos golpes dados con la culata de un arma de fuego, culatazos, en la puerta de mi tía Josefa, la Tata. Era la Guardia Civil que buscaba a su marido para llevarlo preso por comunista.

Esta historia la he escuchado en mi casa desde que tengo memoria, aunque nunca, hasta ahora, había escrito algo sobre ella.

Y tiene que ser ahora, curiosamente, en este año, precisamente, en 2017, año en el que se centran todas las efemérides, habidas y por haber, relacionadas con la ideología comunista.


En 1867 se publica "El Capital" de Karl Marx, libro que cumple 150 años de historia.

El 8 de marzo de 1917 estalla de Revolución Rusa, por tanto este año es el centenario de aquel importante acontecimiento.

El 27 de abril de 1937 muere en Roma Antonio Gramsci, filósofo, teórico marxista, político y periodista, fundador del Partido Comunista Italiano, cumpliéndose este año, también, el 80º aniversario de su muerte.

El 9 de abril de 1977 se legaliza el Partido Comunista en España, Radio Nacional lo anuncia a través del periodista Alejo García. Este año cumplimos cuatro décadas de comunismo oficial en España.

Todos los acontecimiento que acabo de exponer están recogidos en el calendario oficial y son celebrados y recordados por todos. Sin ir más lejos Alberto Garzón hoy los recuerda en una publicación en e EL PAIS.

Pero aparcando todo esto y centrándonos en las pequeñas cosas, que forman toda una verdadera y real revolución, que están en la memoria individual y colectiva, a la vez, de esas personas anónimas, que forman parte de familias, como la mía, este 2017 también se cumple el 40º aniversario de la muerte de José Leirana Carrión, que un día de abril gritó en la calle "¡Viva el comunismo!" y fue encarcelado en Sanlúcar de Barrameda un 15 de abril de 1938 y liberado tres meses después, valga todo esto por la vida de un hombre bueno.

martes, 11 de abril de 2017

"A Virginia desnuda."

Hace unos años, cuando desarrollaba otro trabajo, en el cuál pasé unos de los mejores momentos de mi vida, entré en el despacho de una compañera y vi pegado en la pared un cartel que ponía “LAURA”, parecía la portada de un libro, impresa a color y a tamaño A3, quedé intrigada, dándole vueltas en la cabeza a lo que había visto, pero tras un tiempo la inquietud se disipó.

A los pocos días volví a ese despacho y le pregunte a mi compañera: “Virginia por qué tienes ese cartel colgado ahí, qué es exactamente”. Ella me respondió que era un libro que había escrito su marido, sin más explicaciones.

Pasaron semanas, entré en una librería y cual no fue mi sorpresa cuando en una estantería, rodeado de muchos más libros, vi la misma imagen que había visto en el cartel en la pared del despacho de mi compañera. La intriga se apoderó de mí nuevamente, cogí el libro entre mis manos y lo abrí.

Era una novela, efectivamente titulada “LAURA”, de un autor desconocido para mí, aun así compré el libro y me fui. Cuando llegue a casa empecé a ojearlo, me paré en la dedicatoria que decía: “A Virginia desnuda”.
De momento una serie de posibles situaciones se me agolparon en la mente, de las más variopintas, sobre mi compañera y su vida, sus emociones, sus relaciones. No tenía mucha unión con ella en el trabajo pero nuestra relación era cordial. Saqué mi conclusión sobre la dedicatoria y la vida sentimental de mi compañera y lo dejé pasar, tanto es así que olvidé aquella situación anecdótica.

Años después, haciendo un curso de formación, coincidí con ella. Fue un curso largo, de esos que se desarrollan durante meses, en los que te ves con el mismo grupo de personas todas las semanas y entablas una cierta relación de confianza. Lógicamente el asunto de la dedicatoria volvió a aparecer en mis pensamientos, diciéndome que así tendría más ocasiones de charla con ella y poder encontrar el momento de comentarle que había comprado el libro que su marido había escrito. La cuestión es que pasaban los días y el momento apropiado no aparecía.

El curso era de idiomas y era muy dado a trabajos en pareja, conversaciones sobre un tema concreto y realización de narraciones. Solíamos hacerlo sobre temas que dominábamos para que así fuera más fácil su elaboración y estuviéramos más relajados.

Un día le tocó el turno a mi compañera, había elaborado una narración corta pero expresada con gran claridad, lo que denotaba el gran conocimiento que tenía sobre el asunto; con fuerza pero sin histrionismo, lo que nos hacía ver que tenía una gran seguridad sobre ese tema; emocionada pero con una alegría en su mirada fuera de lo normal. Y nos habló del cáncer, del que ella había pasado y la había dejado sin los atributos femeninos más característicos, del tiempo que vivió ella y su pareja y como superaron juntos esa situación.

Fue muy emocionante, y sobre todo la dedicatoria que decía: “A Virginia desnuda” cobró forma y significado.

"LA ALEGORÍA DEL CARRUAJE" de Jorge Bucay. Cuentos para pensar. 1997

"Un día de octubre, una voz familiar en el teléfono me dice:

-Sal a la calle que hay un regalo para ti.

Entusiasmado, salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje estacionado justo, justo frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal lustrada, tiene herrajes de bronce y lámparas de cerámica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy "chic". Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran asiento semicircular forrado en pana bordada y unos visillos de encaje blanco le dan un toque de realeza al cubículo. Me siento y me doy cuenta que todo está diseñado exclusivamente para mí, está calculado el largo de las piernas, el ancho del asiento, la altura del techo… todo es muy cómodo, y no hay lugar para nadie más.

Entonces miro por la ventana y veo "el paisaje": De un lado el frente de mi casa, del otro el frente de la casa de mi vecino… y digo: "¡Qué bárbaro este regalo! "¡Qué bien, qué lindo…!" Y me quedo un rato disfrutando de esa sensación.

Al rato empiezo a aburrirme; lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo.
Me pregunto: "¿Cuánto tiempo uno puede ver las mismas cosas?" Y empiezo a convencerme de que el regalo que me hicieron no sirve para nada.

De eso me ando quejando en voz alta cuando pasa mi vecino que me dice, como adivinándome: -¿No te das cuenta que a este carruaje le falta algo?

Yo pongo cara de qué-le-falta mientras miro las alfombras y los tapizados.

-Le faltan los caballos – me dice antes de que llegue a preguntarle.

Por eso veo siempre lo mismo -pienso-, por eso me parece aburrido.

-Cierto – digo yo.

Entonces voy hasta el corralón de la estación y le ato dos caballos al carruaje. Me subo otra vez y desde adentro les grito:

-¡¡Eaaaaa!!

El paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende.

Sin embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración en el carruaje y a ver el comienzo de una rajadura en uno de los laterales.

Son los caballos que me conducen por caminos terribles; agarran todos los pozos, se suben a las veredas, me llevan por barrios peligrosos.

Me doy cuenta que yo no tengo ningún control de nada; los caballos me arrastran a donde ellos quieren. Al principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es muy peligroso.

Comienzo a asustarme y a darme cuenta que esto tampoco sirve.

En ese momento veo a mi vecino que pasa por ahí cerca, en su auto. Lo insulto: 

-¡Qué me hizo!

Me grita:-¡Te falta el cochero!

-¡Ah! – digo yo.

Con gran dificultad y con su ayuda, sofreno los caballos y decido contratar un cochero. A los pocos días asume funciones. Es un hombre formal y circunspecto con cara de poco humor y mucho conocimiento.

Me parece que ahora sí estoy preparado para disfrutar verdaderamente del regalo que me hicieron. Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero a dónde ir.

Él conduce, él controla la situación, él decide la velocidad adecuada y elige la mejor ruta.
Yo… Yo disfruto el viaje.

Hemos nacido, salido de nuestra casa y nos hemos encontrado con un regalo: nuestro cuerpo.

A poco de nacer nuestro cuerpo registró un deseo, una necesidad, un requerimiento instintivo, y se movió. Este carruaje no serviría para nada si no tuviera caballos; ellos son los deseos, las necesidades, las pulsiones y los afectos.

Todo va bien durante un tiempo, pero en algún momento empezamos a darnos cuenta que estos deseos nos llegaban por caminos un poco arriesgados y a veces peligrosos, y entonces tenemos necesidad de sofrenarlos. Aquí es donde aparece la figura del cochero: nuestra cabeza, nuestro intelecto, nuestra capacidad de pensar racionalmente.
El cochero sirve para evaluar el camino, la ruta. Pero quienes realmente tiran del carruaje son tus caballos.

No permitas que el cochero los descuide. Tienen que ser alimentados y protegidos, porque… ¿qué harías sin los caballos? ¿Qué sería de vos si fueras solamente cuerpo y cerebro? Si no tuvieras ningún deseo, ¿cómo sería la vida? Sería como la de esa gente que va por el mundo sin contacto con sus emociones, dejando que solamente su cerebro empuje el carruaje. Obviamente tampoco puedes descuidar el carruaje, porque tiene que durar todo el proyecto. Y esto implicará reparar, cuidar, afinar lo que sea necesario para su mantenimiento. Si nadie lo cuida, el carruaje se rompe, y si se rompe se acabó el viaje…"

jueves, 6 de abril de 2017

Soy piedra.


En la Feria de Lebrija, hace ya muchos años, estábamos en casa de la madre de Juan Peña "El Lebrijano", un cantaor de flamenco, y su madre, una gitana de Utrera, María “La Perrata” se puso a cantar, y cantó esta letra de 1920, que en su día cantaba La Niña de los Peines, una de las voces geniales del flamenco, junto con Antonio Mairena y el Camarón de la Isla:

"Fui piedra y perdí mi centro
y me arrojaron al mar
y a fuerza de mucho tiempo
mi centro vine a encontrar"

Hoy he recordado esta letra, este soneto maravilloso, con el que podemos reconstruir una vida entera en cuatro frases.

Vivir es sentir, apasionarnos por lo que descubrimos, sin abandonar esa esencia, ese eje que nos guía, que no se aprende, que no se enseña, que vamos asimilando, que es el alimento que da vida a la emoción, al sentimiento, que, como dice Joan Manuel, aunque aparezca el olvido solo se lleva la mitad.

Solo por ese centro inexplicable, por ese eje invisible, es un placer estar aquí rodando.

martes, 4 de abril de 2017

Personajes de cine: AGENTE SMITH (Matrix, 1999)

Hugo Weaving nace el 4 de abril de 1960 en Ibadán, al suroeste de Nigeria, por tanto hoy cumple 57 años, día indicado para hablar del personaje que interpretó en "Matrix" (1999), el Agente Smith.

Como ya sabemos Matrix es un mundo imaginario  creado por ordenador, construido para mantener bajo control a toda la humanidad, através de una red interactiva neural, y convertirla en una pila.

Dicho control es mantenido por agentes como Smith. Todos tienen la misma apariencia, gafas oscuras y auriculares por el que se conectan al sistema. Un sistema que controla la entrada y salida de rebeldes que tienen su sede en la ciudad de Sión, el último reducto humano y la única esperanza de la humanidad.

Realmente Smith es el reverso, el antagonista, del protagonista, Neo, con el que luchará hasta el final de la saga. Los dos personajes son el Yin y el Yang, las dos caras de la moneda, para que exista uno tiene que existir necesariamente el otro, representan la dualidad que la filosofía atribuye a todo lo que existe en el universo.

"Es el sonido de lo inevitable."

Frase del Agente Smith, aparentemente sin importancia pero encierra todo el dominio que Matrix había ejercido sobre la humanidad y que a partir de ese momento empieza a flaquear.

El Agente Smith es un personaje sin empatía, carente de sensibilidad, fiel a su origen, nada ni nadie lo parará, solo la solución que provenga de la renovación de la vida puede luchar contra él.



"Ghost in the Shell", Mamoru Oshii. 1995.

"El anime es ver el mundo en un grano de arena." La definición más bonita, acertada y determinante que he escuchado sobre este gén...